4.1.2.2.5 La obra poética de José Lezama Lima (1910 – 1976) después de 1959


Es sabido que la poesía de José Lezama Lima no fue tan prolífica a partir del triunfo de la Revolución en 1959 como lo había sido hasta entonces; aunque ello se explica en parte por la preeminencia que en esa época le dio a la definitiva configuración de su magna obra “Paradiso” y en sentido general a lo narrativo, que no cobró nunca independencia con respecto a su concepción lírica del mundo.

Su obra “Dador”, ya había sido concebida en lo fundamental cuando advino el triunfo de la Revolución, por lo que su labor poética en un estricto sentido –toda su obra literaria constituye un gran corpus poético- está contenida en “Fragmentos a su imán”, libro que será abordado más ampliamente en otro acápite.

En sentido general valga considerar que si el ímpetu revolucionario no devino poética exaltación, si lo asentó en este tiempo histórico, compatible con su concepto de “era imaginaria” de gran aliento creador frente a la desintegración que se operaba en otros ámbitos materiales y espirituales.

Es cierto que la figura de Lezama sufrió cierto atropello intelectual en un lapso de la etapa revolucionaria, más concretamente el denominado quinquenio gris, entre 1970 y 1975, patente en las resistencias oficiales que encontró a los intentos de publicar su obra, lamentablemente falleció en 1976, cuando ya se vislumbraba un proceso de rectificación que modificaría lo anquilosado y monolítico de la política cultural correspondiente al citado período y gestada desde tiempo atrás.

Sin embargo, no es dable suponer que ello melló su quehacer literario o su vida, pues sin autosuficiencia se encontraba por encima de los vaivenes de la recepción literaria, en este caso mediatizada por la política, sobre lo cual indirectamente afirmaría:

“Es verdad como se dice que he sido en la cultura cubana un valor muy polémico, pero esa manera sigue siendo como una ley de corsi y recorsi. Cuando se me ha negado con furia yo he sabido esperar trabajando y sonriéndome, y poco después ha llegado el ricorsi, el acercamiento amistoso, el reconocimiento y el estudio de mi obra.”

Aun con estas contradicciones, es importante tomar en cuenta que aunque la valía literaria de la obra de Lezama estaba ya dada desde su primer poemario y definitivamente afianzada a partir del ámbito origenista, no fue hasta después del triunfo de la Revolución, con el impacto de “Paradiso”, que su autor comenzó a ser reconocido mundialmente.

Las posibilidades culturales que implicó la Revolución ampliaron asimismo el círculo de sus lectores, los cuales le tributarían una veneración que se mantuvo incólume en el citado lustro y que crece por día entre epígonos y verdaderos iniciados que asumen sus propios derroteros.

El pintor Jorge Arche Silva (1905 – 1956), sus aportes a las Artes Plásticas cubanas
La obra plástica de Enrique Caravia y Montenegro (1905 – 1992)
Wilfredo Oscar de la Concepción Lam y Castillo (1902 – 1982), la trascendencia de su obra plástica
El escultor Teodoro Ramos Blanco (1902 – 1972), su obra
La obra plástica de Gumersindo Barea y García (1901 – ?)
El pintor Carlos Enríquez Gómez (1900 – 1957), un exponente imprescindible de las artes plásticas cubanas
La obra del escultor Juan José Sicre y Vélez (1898 – ?)
La obra del pintor y arquitecto Augusto García Menocal y Córdova (1899 – ?)