1.3 La oratoria sagrada, auge experimentado en el siglo XVIII

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La oratoria se refiere a aquellas piezas discursivas que tienen como propósito persuadir al público; como género literario focaliza el texto, obviando el tono vocal y la gestualidad que acompaña a la enunciación. La disposición de las partes del discurso y la elección de los vocablos se asocia asimismo a la elocuencia, cuyos principios recoge la retórica.

La oratoria sacra, contenida en los sermones eclesiásticos, alcanzó en Cuba un desarrollo notable con respecto a otras manifestaciones del período, lo cual se asocia a la sólida formación académica que la Iglesia proporcionaba a sus oradores. A su vez, dicha institución era fiel representante de los intereses de la Corona y de la construcción ideológica afín a los mismos, por lo que la intención persuasiva que animaba las prédicas no era solo de índole religiosa, sino que pretendía consolidar la dominación española y legitimarla desde el punto de vista espiritual.

El género contó con numerosos cultivadores, entre ellos José Julián Parreño (1728 – 1785) y Francisco Xavier Conde y Oquendo (1733 – 1799), quienes introdujeron innovaciones formales en sus sermones y en el caso del último discurrió también por cauces teóricos, como puede apreciarse en su “Discurso sobre la elocuencia” en la que apunta hacia una renovación de los cánones del género, a tono con el desarrollo que el mismo había experimentado en España y otros países europeos. Incluso su obra “Elogio de Felipe V, Rey de España”, obtuvo el segundo lugar en la primera edición del premio de la Real Academia Española.

Otro orador de renombre fue Rafael del Castillo y Sucre (1741 – 1783) quien poseía una rigurosa formación académica y se destacaba en el medio intelectual de su tiempo. Las obras suyas que han perdurado, no alcanzan el nivel estético de las que se conocen de Francisco Xavier Conde y Oquendo; pero en ellas se aprecia un trabajo estilístico que trasciende el marco de lo meramente argumental, como lo ilustra este fragmento del discurso pronunciado en un acto conmemorativo del primer aniversario de la caída del Morro (Carretera monumental Morro – Cabaña, Ciudad de la Habana) en poder del ejército británico, en la que ensalza la imagen del Capitán General Velazco:

“El se mueve, el manda, el grita, el aturde al cobarde, el inflama al animoso y se pasea eternamente acá en mi fantasía. Ella me presenta las menores particularidades de su traje y su figura. En su momento me alegra el alma la imagen de Velazco vivo, y me la turban las sombras de Velazco muerto. En la rápida sucesión de mis ideas yo desmayo y me aliento, y la misma palidez de su semblante, la misma falta de su sangre, me habla por la boca de sus heridas, agita mi espíritu y me introduce el consuelo hasta la médula de mis huesos”

Otra de las figuras que se destacó en la oratoria fue el padre Montes de Oca, de quién no se conocen los datos exactos de su natalicio y fallecimiento, el público lo bautizó con el seudónimo de “Pico de oro” por su elocuencia. Cabe mencionar a Juan Bautista Barea, quien concibió más de mil sermones, la mayor parte de los cuales se han perdido por no haber quedado constancia escrita, su obra más destacada es “Oración fúnebre en las exequias, que se hicieron en la Habana en sufragio del alma del Excmo. Sr. D. Matías de Gálvez, virrey de México, y en obsequio de su hijo el señor conde de Gálvez” de 1785.

En sentido general, la oratoria es el género literario que más se desarrolló durante el periodo investigado, tanto por la proliferación de autores como por la calidad artística de las obras que ofrecieron al público, ello también se explica a partir del respaldo institucional e ideológico que tuvieron sus cultivadores, quienes si bien en el plano de la lengua literaria iniciaron un movimiento de ruptura que abría un espacio hacia el neoclasicismo, en el contenido político se aclimataron a los intereses de la clase dominante.