1 Literatura en la etapa colonial (1608 – 1790)

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Desde el descubrimiento de la Isla y el inicio de la conquista española hasta redacción de la obra “Espejo de Paciencia” en 1608, se sitúan los primeros antecedentes de la literatura ulterior. El Diario de Cristobal Colón y las crónicas de la conquista de Indias contienen las primeras referencias al entorno paisajístico cubano, y durante el siglo XVI se realizaron modestos intentos para difundir el idioma español y la enseñanza; a pesar de que la vida cultural de la colonia era aún incipiente, es de suponer que existieran cultores de las bellas letras entre intelectuales y catedráticos, pero no ha llegado hasta nuestros días ningún texto que date de estos años.

Durante el período que se extiende entre 1608 y el fin de la colonización española en 1898, se desarrolló el proceso de cristalización de la nacionalidad y aparejado a este la concreción de una literatura de verdadera impronta nacional. Las corrientes literarias que se suceden o superponen a nivel mundial, fundamentalmente el barroco, neoclasicismo, romanticismo y modernismo inicial, son dotadas por nuestros autores de un cariz criollo, que se expresa en el canto a la naturaleza vernácula y adquiere matices independentistas, aspecto que alcanza su clímax en el período de luchas que se inicia en 1868, con una aparente interrupción desde 1878 hasta 1895, y pone fin a la dominación española.

El período de las manifestaciones iniciales es enmarcado por muchos investigadores desde la conquista hasta 1790 . La obra “Espejo de Paciencia” constituye la primicia de la literatura en Cuba, exponente de poesía épica que refleja el auge del filibusterismo. La lírica dejó algunas obras menores que no alcanzaron trascendencia, sobre todo versos de circunstancia, dotados de cierto culteranismo que no se correspondía con la simplicidad conceptual de fondo, y los alejaba a la vez de lo popular; la Toma de la Habana por los Ingleses en 1762 suscitó algunos de estos versos. En esta etapa también se manifiestan los primeros antecedentes de la décima, sin que alcanzaran notoriedad. El teatro contaba con escasos exponentes, entre los que se destaca como obra fundacional “El Príncipe jardinero y fingido Cloridano”, de Santiago Pita.

A los siglos XVII y XVIII se remontan los antecedentes de la historia desde el punto de vista de la elaboración literaria, con nombres como Pedro Agustín Morell de Santa Cruz y José Martín Félix de Arrate, quien también se dedicó a la composición poética. La oratoria sagrada se desarrolla en el siglo XVIII, y alcanzó altos vuelos dentro del género, pero constituía expresión de la clase dominante en cuanto a la escisión entre criollos y peninsulares que se iba perfilando cada vez con mayor fuerza.

La fundación de la Universidad de la Habana (Colina Universitaria, Vedado, Ciudad de la Habana) en 1721 y el establecimiento de la imprenta en 1723, contribuyeron a desarrollar la instrucción y la cultura en general, y específicamente la imprenta representó un impulso significativo para la creación y difusión de la literatura. En sentido general en el período se gesta una sensibilidad insular distinta a la de la Metrópolis, y se conforma un acervo literario del que se nutrirían autores posteriores y que alcanzaron mayor calidad estética en sus obras.