2.1.2 La obra poética de Manuel Justo de Rubalcava (1769 – 1805)

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La obra de este poeta, al igual que otros de la etapa, se ha considerado a veces como a la zaga de la de Manuel de Zequeira, por la afinidad temática y el regusto neoclásico pero sin obtener los mismos resultados que el autor de “Oda a la piña”. Sin embargo se acusa más un tono sentimental que la mesura racional propia de esta corriente; la sensibilidad y sensorialidad inmediata de Rubalcava ofrecen una cubanía más espontánea, ajena a la intelectualización de los fenómenos, sentida a través de la piel y transpirada en versos de un lirismo más auténtico.

Uno de sus poemas más conocidos “A Nise bordando un ramillete”, recrea el motivo primaveral que recorre casi toda su poética, inspirada en amaneceres, nacimientos, germinaciones, como canto festivo a la vida siempre vista en su luminosidad, desde una óptica más bien leve, que no busca interpretar sino palpar a través de todos los sentidos:

“No es la necesidad tan solamente
Inventora suprema de las cosas
Cuando de entre tus manos primorosas
Nace una primavera floreciente

La seda en sus colores diferente
Toma diversas formas caprichosas
Que aprendiendo en tus dedos a ser rosas
Viven sin marchitarse eternamente

Me parece que al verte colocada
Cerca del bastidor, dándole vida,
Sale Flora a mirarte avergonzada;

Llega, ve tu labor mejor tejida
Que la suya de Abril, queda enojada,
Y sin más esperar, vase corrida.”

Sobre esta pieza, Lezama expresó: “es esta una poesía que todo cubano desde sus años de más elemental aprendizaje conoce de memoria, y en verdad, lo merece, pues al paso del tiempo, no puede faltar en una colección de nuestros mejores sonetos (…) Cuando Nise borda, inventa una floreciente primavera. La seda coloreada se diversifica en formas de capricho, pero en los dedos de Nise aprenden a ser rosas que no se marchitan, que gozan de vida eterna. Flora, avergonzada, sale a ver a Nise cerca del bastidor, dando puntadas de vida. Iguala Rubalcava en una forma sorpresiva al artesano con la naturaleza.”

Uno de los asideros de su poética fue la fugacidad del tiempo, expresada en al símbolo del arroyo que pasa, emparentado con las concepciones dialécticas sintetizadas en la frase de “un hombre no se baña dos veces en el mismo río”, la espuma, el humo, la transitoriedad sobre la trascendencia. Ello lo aproxima un tanto al romanticismo, aunque sus versos están poblados de figuras grecolatinas tan revisitadas por la poética neoclásica.

Otro de sus poemas más antologados ha sido “Silva cubana” emparentada temáticamente con “Oda a la piña”, su título alude al tipo de combinación métrica, donde alternan versos heptasílabos y endecasílabos, sin sujetarse a determinada estructura estrófica, aunque en esta silva cada estrofa está conformada por seis versos. Constituye lo que puede llamarse un inventario lírico de las frutas cubanas, antecesor de las corrientes de autoctonía en cuanto a la tipicidad de la naturaleza insular, aspecto que se integra en el fluir hacia la conciencia de nacionalidad.

Herramientas de google:

Título del punto: La obra de Manuel Justo de Rubalcava, uno de los primeros poetas

Descripción del punto: La obra de Manuel Justo de Rubalcava posee característica similares a las de Manuel de Zequeira, destaca lo insular desde un neoclasicismo más anclado en la inmediatez de las sensaciones que en la hechura formal propia de esta corriente.

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2.1.3 La poesía de Manuel María Pérez y Ramírez (1772 – 1851)

Manuel María Pérez y Ramírez intimó bastante con Manuel de Zequeira y Manuel Justo de Rubalcava, todos militares, al primero de ellos le profesó una admiración sin dobleces que expresó en sus textos, consideró incluso a su lira “pobre y deficiente”, para cantar los valores de la de su coterráneo. Asimismo, se ocupó de publicar el poema de Rubalcava, “Muerte de Judas”, después de la muerte del propio autor.

La humildad fue una de las características más sobresalientes de Pérez y Ramírez, a la par y estrechamente vinculado a la misma está el sentido ético – religioso que se expresa en sus obras, su elogio de la pobreza cristiana y la devoción que puso en el sentimiento de la amistad.

Precisamente su poema más conocido se titula “Un amigo reconciliado”:

“Por algún accidente no pensado
Suele quebrarse un vaso cristalino
Trátase de soldar con barniz fino
Y lógrase por fin verle pegado:

Pero por más que apure su cuidado
El ingenio más raro y peregrino,
Dejarlo sin señal es desatino,
Siempre quedan señales de quebrado.

Así es una amistad de mucha dura;
Quiébrase la amistad que hermosa fuera,
Suéldala el tiempo con su gran cordura;

Cierto es que la amistad se mira entera
Pero con la señal de quebradura
Nunca puede quedar como antes era.”

Fue uno de los hombres más cultos de su tiempo y se dice que fundó alrededor de once publicaciones periódicas entre los años de 1810 y 1824; pero su obra poética no fue recogida en ningún tomo sino en sueltos que aparecían esporádicamente, muchos de los cuales no quedaron para la posteridad.

Se conoce que escribió un drama titulado “Marco Curcio”, del cual no se tienen noticias hoy día. Escribió asimismo autos sacramentales, que fueron musicalizados por el destacado compositor Esteban Salas.

La poesía constituyó una entre varias líneas culturales y científicas que desarrolló, incluso fue profesor de Félix Varela, quizás esta amplitud de miras influyó en cierto tono prosístico que tuvo su obra lírica, la cual no obstante parece haber tenido cierta calidad digna de reseñarse.

Su obra no fue muy prolífica, incluso está ausente del diccionario de la literatura cubana; pero la tríada que conforma con los dos poetas citados –Manuel de Zequeira y Manuel Justo de Rubalcava- constituye un aspecto de sumo interés para entender esta etapa de la poesía cubana y las manifestaciones del neoclasicismo.