2.1.4 Ignacio Valdés Machuca (1792 – 1851), sus aportes a la poesía cubana

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Ignacio Valdés Machuca, quien utilizaba muchas veces el seudónimo de Desval, fue el autor de la primera colección de poemas publicado en Cuba, “Ocios poéticos”, en 1819. Fue un poeta del lenguaje, amante de la musicalidad de las palabras y los retoricismos, de estirpe neoclásica pero vinculado también a la primera generación romántica. Se le califica como nuestro primer esteticista en literatura.

Fundó en 1820 la revista literaria “La lira de apolo”, de acuerdo con Joaquín Llaverías , la primera publicación cuyo texto era todo verso, de lo que puede colegirse el lugar que había ido escalando la poesía en la sociedad. Compuso también la obra – más próxima al drama, aunque insuflada de aliento poético y escrita también en verso- “La muerte de Adonis”

Es cierto que en el poeta primó más la mímesis que la originalidad, lo cual es patente en su propio poemario “Ocios poéticos”, que alude al título de un libro del poeta español José Cadalso (1741 – 1782), titulado “Ocios de juventud” y remeda un tanto el romanticismo de este autor, a quien algunos consideran el precursor del romanticismo español, imbuido aún de giros barrocos.

Otro de sus poemarios, “Cantata” de 1829, posee elementos muy afines a la poética del francés Jean-Baptiste Rousseau. Incorpora constantes alusiones a la mitología grecolatina, pero algunos de los poemas que contiene, como “Los baños de Marianao” expresan a través del velo mitológico la naturaleza insular, leitmotiv que continuaría su proceso de germinación en poéticas posteriores.

Una de las líneas menos explorada de la poética de Ignacio Valdés Machuca es aquella que se relaciona con el erotismo, el cual rezuma en algunos intersticios de su obra y es por ello que Víctor Fowler lo incluye en su interesante antología “La eterna danza”, que rastrea el modo en que el deseo fue plasmándose en la literatura nacional, con gradaciones y características distintivas de cada autor pero no por ello exento de rasgos comunes y perdurables, aunque mutantes. Incluye un fragmento de “La muerte de Adonis”:

ADONIS

“No es tan linda la aurora cuando sale
recostada en su trono enriquecido
de odoríferas rosas, ni me encanta
como me encantas tú cuando te miro:
entonces, sí, entonces los ardores
que el corazón me abrasan de continuo
se encienden con tu vista, y nuevo fuego
me originan tus bellos atractivos;
tus ojos voluptuosos, si me miran,
dan pábulo a mis ansias, y el delirio
por momentos se aumenta, sin que pueda
mi corazón amante resistirlo.
Si tú no me concedes los halagos,
que fenezca de amor será preciso;
si estas llamas no aplacas, yo perezco
de mi pasión grandiosa al duro filo:
imitemos la yedra que se enlaza,
con el olmo altanero, dueño mío.”

Aun cuando la imitatio predomine en sus versos, no por ello debe obviarse del panorama de la lírica cubana en una etapa ciertamente no muy fecunda, sobre todo porque contribuyó a implantar la necesidad del cuidado formal y el pulimento del verso -desde una óptica de la poesía como artificio- pero tan importante para el desarrollo artístico del género. Asimismo, aparecen de un modo incipiente elementos prefiguradores de la nacionalidad desde su vertiente anclada en la naturaleza.