2.1.6 Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), poeta y presunto conspirador, expósito desde 1809

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Gabriel de la Concepción Valdés, más conocido por su seudónimo de Plácido, nació a principios del siglo XIX, sin haberse precisado la fecha exacta, solo que fue depositado en la Casa de Beneficencia y Maternidad de la Habana, el 6 de abril de 1809, en el acta bautismal es calificado como “al parecer blanco”; pero su origen racial suscitó polémicas a lo largo de su breve vida, en los círculos culturales en que se movía. Fue fusilado el 28 de junio de 1844, por presuntos vínculos con la denominada “Conspiración de la escalera”.

Su doble condición de hijo ilegítimo y mulato, le acarrearon todos los prejuicios inherentes a la sociedad decimonónica, aún así ejerció cierta fascinación sobre sus contemporáneos, aun más a partir de los datos reales y las fabulaciones que se tejieron en torno a su muerte. Sus obras se publicaron y difundieron ampliamente en el país, con resonancias que llegarían hasta la metrópolis. Constituye uno de los casos en que el influjo de la personalidad del autor es tan o más potente que su obra para explicar su éxito y el interés que despierta en la posteridad.

En este sentido, la Doctora en Ciencias Filológicas, Daysi Cué Fernández, ha expresado: “Artesano y expósito, y al parecer mulato, gracias a su talento logró ocupar un sitio destacado en las letras cubanas, pero esto no lo salva del aniquilamiento físico y moral (…) Al margen de los tintes melodramáticos en los que aparece envuelto su ciclo vital, lo cierto es que desde su enigmático nacimiento hasta su ejecución en plena juventud, acusado de ser cabecilla de una conspiración de negros, su existencia se desarrolló por cauces poco comunes y ello ha contribuido en gran medida a su notoriedad”

Plácido es considerado un bardo del primer romanticismo, aunque esta corriente se manifestaba prioritariamente en los aspectos formales, y al parecer el poeta no llegó a sentir los estremecimientos ni compartió íntimamente la visión trágica de la vida asociada a la cosmovisión romántica. La poesía constituyó para él un medio de vida, en parte de supervivencia psicológica pero sobre todo desde el punto de vista económico, incluso llegó a firmar contratos a partir de los que percibía una ínfima cantidad por “proveer” un poema diariamente a determinada publicación, amén de que su condición de poeta le permitió acceder de soslayo a espacios de la alta sociedad, sin por ello llegar a figurar en la misma.

Sus “ejercicios poéticos” partieron de un neoclasicismo más bien ingenuo, hasta incursionar en moldes verdaderamente románticos, contaba con dotes naturales para la versificación, pero adoleció de una esmerada educación y su formación literaria estuvo determinada por el azar de sus lecturas y contactos personales. Compuso algunos poemas laudatorios dedicados a figuras monárquicas; sin dejar de insertar entre versos referencias recurrentes a “la patria” y “la libertad” que develaban sus íntimas aspiraciones. Estas parecen ser reales aunque la etiqueta de conspirador que le costó la vida haya sido injusta e incluso manifestara debilidades o hecho alguna falsa confesión durante el proceso que antecedió a su condena.

Su poema más conocido “Plegaria a dios”, se afirmaba que fue declamado por el poeta en su camino final al cadalso:

“Ser de inmensa bondad, ¡Dios poderoso!
A vos acudo en mi dolor vehemente;
¡Extended vuestro brazo omnipotente,
Rasgad de la calumnia el velo odioso,
Y arrancad este sello ignominioso
Con que el mundo manchar quiere mi frente!
(…)
Mas si cuadra a tu suma omnipotencia
Que yo perezca cual malvado impío,
Y que los hombres mi cadáver frío
Ultrajen con maligna complacencia,
Suene tu voz, y acabe mi existencia…
Cúmplase en mí tu voluntad, Dios mío!”

El poema resulta vibrante en su concepción rítmica y causa por ello un efecto sensible en los oyentes; sin embargo, tanto se había acomodado Plácido a formas versales meramente externas, que difícilmente consigue transmitir el verdadero dolor que lo atenaza en este último trayecto de su vida. Se le pueden aplicar en este caso los conocidos versos de Fernando Pessoa: “el poeta es un fingidor / finge tan completamente/ que hasta parece fingido/ el dolor que en verdad siente.” No obstante a la falta de sustentación de la acusación de conspirador, el afán independentista está latente en las diferentes facetas de su obra, la cual se inscribe en los albores de la nacionalidad y el mito asociado a esta y a su vida ha trascendido hasta nuestros días.