2.3.6 El tema de la esclavitud en la literatura cubana, algunas obras significativas

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En la primera mitad decimonónica la economía azucarera cubana se asentaba sobre la explotación del trabajo esclavo, sin embargo ya algunos sectores pugnaban por sustituir la mano de obra esclava por el trabajo asalariado y en el terreno ideológico surgían tendencias abolicionistas que eran sin embargo frenadas por el temor de una revolución como la que había tenido lugar en Haití; los que ya la veían como una llaga moral, temían sin embargo al remedio y se andaban por ello con muchas medias tintas.

Que algunos apostaran por la manumisión no indica inexistencia de prejuicios raciales y sociales, pues la estricta división en clases de la sociedad no era para nada cuestionada, antes bien los más revolucionarios concebían el progreso como el desarrollo capitalizado por los sectores económicos dominantes, dígase la emergente burguesía, a la que pertenecían o aspiraban a pertenecer la gran mayoría de los intelectuales.

El siboneísmo y el criollismo, aun con su ostentado afán de representar la autoctonía de lo cubano, pese a sus aportes, habían obviado de modo flagrante la raíz negra de nuestra cultura; pero ella no quedaría del todo silenciada. Muchos autores se ocuparon del tema y en sus relatos de la etapa traslucen una sincera identificación con protagonistas negros, sobre todo aquellos de más potencia romántica, en este punto se ha llegado incluso a insinuar el reconocimiento de la heroicidad del cimarrón; pero ello resulta discutible dado que este era uno de los tipos más temidos por la sociedad blanca a causa de su rebeldía de imprevisibles consecuencias.

Los personajes negros se presentaban la mayor parte de las veces idealizados y filtrados por la axiología de los blancos, tan deficiente y contradictoria en su fondo, excepción hecha del poeta esclavo Juan Francisco Manzano, a quien no le sería difícil narrar los horrores que sufrió “en carne propia”, por obra del látigo y la férula.

Sin embargo, mientras algunos ignoraban de modo contumaz la esclavitud, otros enfocaron el fenómeno y captaron incluso su inherente potencial literario, como fue el caso de Félix M. Tanco, quien le escribe una misiva a Domingo del Monte, contentiva de ideas muy sugestivas: “no hay más poesía entre nosotros que los esclavos: poesía que se está derramando por todas partes, por campos y poblaciones, y que solo no lo ven los inhumanos y los estúpidos; y advierte que al paso que se vaya civilizando aunque lentamente la clase obrera todavía muy bozalona, la esclavitud de los negros se levantará en la misma proporción como una sombra deforme, mutilada, horrorosa, pero poética y bella”

Uno de los tópicos sobre el que volvían obsesivamente unos y otros escritores, tanto dentro de la temática negra como de la llamada literatura costumbrista, era el de la contaminación de razas, el pecado “original” del mestizaje; que asomaba su rostro picaresco en cualquier esquina de la ciudad y en las páginas de muchas piezas narrativas, las de esta etapa, aunque no abordan el fenómeno de la esclavitud en todo su inhumanidad y desgarradura, tienen el mérito de abrir un cauce a la reflexión de la sociedad sobre sí, al tiempo que antecedían posteriores estudios étnicos y antropológicos de lo cubano en su vinculación con las raíces negras.