3.1.2 El cultivo de la poesía por Enrique Hernández Miyares (1859 – 1914)

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Enrique Hernández Miyares fue más animador cultural que poeta, ello no quiere decir que su obra no haya tenido algún valor estético, aunque realmente no incursionó asiduamente en la esencia de la poesía. José Lezama Lima lo incluye en la órbita modernista pero su trayectoria lírica y su propio comportamiento estuvo tipificado por reminiscencias clásicas, aunadas a cierto tono romántico, por lo que su poética no resulta del todo afín al modernismo.

La obra que en cierto modo lo lanzó a la fama fue “La más fermosa”, aparecido en 1903, en “El mundo”; aunque había publicado ya textos en periódicos de la época colonial en la etapa de luchas independentistas, período en el cual transcurrió su maduración como literato. El soneto, clasificado como uno de los más logrados de nuestra tradición, le supuso la malintencionada acusación de haber plagiado al poeta Francisco Rodríguez Marín, lo cual fue desmentido incluso por este. A continuación se transcribe esta pieza:

“Que siga el caballero su camino
Agravios desfaciendo con su lanza:
Todo noble tesón al cabo alcanza
Fijar las justas leyes del destino.

Cálate el roto yelmo de Mambrino
Y en tu rocín glorioso altivo avanza,
Desoye al refranero Sancho Panza
Y en tu brazo confía y en tu sino.

No temas la esquivez de la fortuna:
Si el Caballero de la Blanca Luna
Medir sus armas con las tuyas osa.

Y te derriba por contraria suerte,
de Dulcinea, en ansias de tu muerte,
¡di que siempre será la más fermosa!”

Este soneto tiene pocos asideros en la tradición lírica nacional, tanto por el tópico como por el tono, engarza en lo mejor del cultivo de una tendencia apologética de la poesía hispana que continuó imperando con pocos aciertos ya en los albores del siglo XX.

El mensaje del poema, bastante explícito, desdice del pesimismo ontológico del modernismo, por lo que no se adscribe a este, lo cual pone en tela de juicio la condición modernista de Enrique Hernández Miyares, a no ser que se le otorguen bases más amplias a lo que usualmente se califica como modernismo.

Le dedicaría este poema a Manuel Sanguily, concibió otro después de la muerte de Rafael Montoro y un sentido canto de tono elegíaco en memoria de Julián del Casal, de quien fuera entrañable amigo, en el que se duele de la desaparición del magno poeta y confiesa que aún imagina que este no ha muerto.

También fue autor del poema “Carmen”, que recrea el tópico de la famosa ópera del compositor francés George Bizet, pero cuyo trasfondo y el tratamiento lírico dado por Enrique Hernández Miyares es muy afín a la sensualidad española. Esta y el resto de sus obras poéticas fueron publicadas póstumamente en 1919, en una edición de la Academia Nacional de Artes y Letras.

Concibió asimismo dos poemas de contenido independentista, en torno al símbolo del machete. En este sentido también escribió el soneto “Dos banderas”, afín al de Bonifacio Byrne, “Mi bandera”; aunque con un tratamiento más ambiguo en lo que respecta a las relaciones de Cuba con los Estados Unidos, el cual resulta casi desconocido en nuestra lírica, hecho lamentable en tanto ilustra el panorama emocional en torno a la ocupación norteamericana:

“Luce esplendente el sol de la mañana
Y sobre el muro gris de una azotea
La bandera de Cuba al aire ondea
Unida a la bandera americana.

Juntas las dos, su simbolismo hermana
De sacrosanta libertad la idea;
Desplegadas ayer en la pelea
Plegar hicieron la bandera hispana.

Una y otra, cual nuncio de contento,
Estrellas y colores dan al viento
Que con gallardo soplo las tremola:

El destino las guarde siempre amigas
A despecho de pérfidas intrigas…
¡Pero que nunca formen una sola!.”