3.1.3 La obra poética de Bonifacio Byrne (1861-1936)

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El modernismo cubano, aunque se nucleó en torno a la figura cimera de José Martí y también Julián del Casal, contó con otros cultores que no fueron meros epígonos de estos grandes poetas, entre ellos Bonifacio Byrne resulta una de las voces que alcanzó un registro propio dentro el universo metafórico modernista y trascendió desde la etapa finisecular.

La mayor parte de su formación como poeta la recibió en su ciudad natal de Matanzas, donde participó asiduamente en el Círculo Literario y fundó los periódicos de “La Mañana” y “La juventud liberal”. Publicó algunos poemas de hechura romántica; su primer poemario, titulado “Excéntricas” apareció editado en 1893.

Este poemario se inscribe ya dentro del modernismo, aunque no en una estética parnasiana pues prima la experimentación por sobre el intento de concretar un molde artístico acabado. En el texto sobresale un sentido del humor inusual en la lírica de la etapa, más abocada hacia lo trágico.

Ya en este poemario y en otros posteriores gestados en su vida de emigrado, trasluce un profundo patriotismo que lo inclinará hacia la épica y la epopeya, más allá de las fronteras del modernismo. De esta etapa data su obra “Efigies” publicada en 1897, los ingresos que obtuvo a partir de la venta de los ejemplares fueron destinados a la contienda bélica de 1895. Muchos estudiosos lo consideran “El poeta de la guerra por antonomasia”

Entre los poemas de esta índole, se encuentran los sonetos dedicados a Céspedes, Ignacio Agramonte, Máximo Gómez, Martí y Los Maceo y por supuesto, “Mi bandera” ya en la etapa republicana:

“Al volver de distantes riberas,
con el alma enlutada y sombría,
afanoso busqué mi bandera
¡Y otra he visto además de la mía!

¿Dónde está mi bandera cubana,
la bandera más bella que existe?
¡Desde el buque la vi esta mañana,
y no he visto una cosa más triste!…
(…)
Si deshecha en menudos pedazos
llega a ser mi bandera algún día…
¡Nuestros muertos alzando los brazos
la sabrán defender todavía!…”

Su labor política en la emigración incluyó la fundación de un club revolucionario en Tampa; ejerció la profesión de lector de tabaquería, tan importante en tanto conectaba la cultura con la clase obrera y constituía un espacio para inculcar conocimientos políticos y literarios a esta. Incursionó también en el periodismo, siempre vinculando la literatura al más alto fin de la libertad de Cuba, en este sentido publicó textos en “Patria”, “El Porvenir” y “El Expedicionario”, entre otros medios.

Después de instaurada la “República” continuó su trayectoria literaria, por la que obtuvo diversos galardones en provincias del país, como Sancti Spiritus y su natal Matanzas. Redactó varias piezas teatrales y continuó desplegando una intensa labor periodística, en este sentido colaboró en publicaciones como “La Primavera”, “El Ateneo”, “Diario de Matanzas”, “El Fígaro” y “La Discusión” y fundó el periódico “El Yucayo”. Desde el punto de vista político, su patriotismo evolucionaría hacia un lúcido antiimperialismo. Solo por el poema “Mi bandera”, merece figurar en la lírica cubana.