3.7.12 Los ejercicios de crítica literaria de Manuel de la Cruz (1861 – 1896)

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Manuel de la Cruz fue sobre todo un independentista, y ello determinó en ocasiones juicios literarios regidos más por este ideal que por criterios legítimamente estéticos. El impresionismo signó su producción crítica, gran parte de ella contenida en su estudio “Cromitos cubanos”, de 1892, que recoge la trayectoria de intelectuales cubanos destacados de la década anterior.

Desde 1889 fungió como corresponsal del diario argentino “La nación”, en el cual brinda información sobre personalidades cubanas relevantes, también en el ámbito de las letras, lo cual permite intuir su intención de definir no solo una identidad política sino también literaria.

Su texto “Del método en la crítica literaria”, de 1890, que constituye una carta abierta a Aurelio Mitjans, publicada en las páginas de “La Habana elegante”, revela que en sus aseveraciones confluyen tanto presupuestos del positivismo como una actitud impresionista y la defensa de la libertad creativa frente a credos estéticos reduccionistas, como el que el propio positivismo amenazaba con imponer desde la ciencia.

En 1893 publica “El pleito del estilo”, en el cual aboga por una libertad lingüística y formal que se extienda también a la crítica, lo cual implica el propio reconocimiento de esta como un campo de estudio separado -aunque no desvinculado de las corrientes literarias y las teorías científicas- que conllevaba asimismo normas y un modo particular de expresión; ello evidencia la influencia ejercida en este sentido por Manuel Sanguily.

Manuel de la Cruz contribuyó notablemente a la difusión de las obras de poetas cubanos; aunque como se ha dicho primó a veces el ideal separatista al conformar sus juicios estéticos, en este sentido hizo hincapié en el estudio de la obra de Aurelio Mitjans, loando su tránsito del autonomismo al separatismo y adjudicándole el calificativo de “Heraldo de los poetas de la Revolución”.

En 1891 había publicado “Reseña histórica del movimiento literario de la isla de Cuba”, en “Revista Cubana”, donde adquiere un tono más sobrio y academicista, quizá por la propia magnitud del empeño y su intención sistematizadora y de visos más científicos.