4.1.1.10.1 Primeras incursiones líricas de Regino Pedroso (1896 – 1983)

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Regino Pedroso se formó dentro de los cánones del modernismo y su secuela en la lírica cubana, publicó sus primeros versos en “El Fígaro”, “Castalia” y “Chic”, entre los años 1919 y 1920. De un modo más elaborado pero sin abandonar esta estética, fueron concebidos los poemarios “La ruta de Bagdad y otros poemas”, de 1923 y “Las canciones de ayer”, de 1926.

Estos textos constituyen exponentes de la citada tendencia, relevantes solo por la autenticidad del orientalismo de Pedroso, que más que exotismo constituye un intento de indagar en las propias raíces génicas de su sangre asiática. Esta propensión por lo oriental volvería a retomarla en poemas posteriores pero no tanto desde lo exótico como en tanto repositorio ancestral de sabiduría popular, sobre todo de la China.

Sobre esta etapa creativa de Pedroso, Eugenio Florit refiere: “Nuestro poeta había vivido en un mundo fantástico, de las mil y una noches; lo que de oriental hay en él parecía salirle entonces a la pluma como en un derroche de colores, sedas fastuosas, mármoles y joyas; todo ello engarzado en la forma irreprochable del soneto endecasílabo o alejandrino; todo ello en un marco de palabras nobles y luminosas; todo ello, en fin, dentro del tono general del modernismo”

Ambos textos son eminente modernistas y vuelven una y otra vez sobre estos tópicos, con un tono también de leve erotismo, de sensualidad perfumada con sustancias de ensueño y adornada con retahílas de piedras raras, en fin, los tópicos más caros al modernismo ya manidos pero a los que salva la autenticidad del autor al manejar estos símbolos, los cuales no se habían agotado para su peculiar sensibilidad.

El amor, la muerte y los temas esenciales humanos están de alguna manera presentes en esta obra, la cual plantea ya la sensorialidad como vertiente privilegiada de la plasmación poética, que se mantendría a pesar de la ruptura temática posterior. En “La ruta de Bagdad”, aparece un soneto que sintetiza el leitmotiv principal de Pedroso en esta etapa, a la vez que el dominio de las estructuras versales cerradas y el cincelado estético:

“Fue bajo el esplendor de una mañana
de seda y de pálidos destellos:
cruzaba bajo el sol la caravana
al lento cabecear de los camellos.

Una dulce pereza musulmana
nos envolvía en si inquietud, y bellos
los dedos de tu mano de sultana
mesaban la pelambre de sus cuellos.

Sobre la ruta de Bagdad fue un día…
El amor en tus ojos florecía
sus fiebres locas, y a tus pies vencido,

esclavo en tus pupilas fascinantes,
mis labios imploraron suplicantes
un amor sin la muerte y el olvido.”

El cultivo modernista de la poesía por parte de Regino Pedroso, aunque estuvo signada por el regodeo estético y constituyó el sello inicial de su poética, con el entusiasmo que esto suscitaba en cualquier joven, cedió pronto ante el empuje de una preocupación social, de tema sobre todo obrero, cimentada a través de su trayectoria vital como miembro de esta clase social y agudo observador de los dolores colectivos derivados de esta condición y carácter preterido desde el punto de vista político.