4.1.1.15.1 Primeras incursiones poéticas de Eugenio Florit (1903 – 1999)

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Las primeras obras poéticas de Eugenio Florit fueron “32 poemas breves”, de 1927 y “Trópico”, de 1930, en las cuales se aprecia la gestación de una sensibilidad lírica de gran envergadura para la poesía cubana y en sentido general de la lengua hispana. Se transparenta en esta etapa cierto barroquismo que, aunque de impronta criollo, está muy asociada al gongorismo cultivado por muchos poetas españoles.

En “32 poemas breves”, ya se aprecia la óptica purista de la poesía, aunque no alcanzaría en este poeta la categoría de credo estético absoluto; sin embargo ya se hace notar aquí el rasgo de la ausencia de un ego participante, desde una modulación emocional más bien distanciada, donde lo lírico tiene un peso per se al que llega el poeta a través del abandono de la inmediatez de sus circunstancias.

Una connotación metapoética va ascendiendo a través de las piezas, un lirismo concentrado, cerrado sobre sí, marcado por signos del “barroco tropicalizado”, anticipa ya otras creaciones de mayor envergadura. A lo “puro” y a lo “barroco”, en ya de por sí difícil armonía, se aúnan elementos vanguardistas, sobre todo en cuanto al leitmotiv de las máquinas y el trabajo obrero, sin una connotación realmente social, por lo común ausente de la poesía de Florit:

“El hierro y el cemento, hay un enjambre
de obreros entre el hierro y el cemento.

Una máquina enorme
va taladrando el hierro.

Otra máquina mezcla
la piedra y el cemento.

Otra máquina clava
dos arterias de hierro.

Los obreros –arañas-
se aproximan al cielo
suspendidos
por cuerdas, como frágiles muñecos.

Arde el sol en la piedra,
en el hierro,
en los gruesos pilares
y en la piel requemada del obrero.
(El rojo sol baila una zarabanda
de sudor y de fuego.)

Y alguna viga enhiesta,
retadora del cielo,
va pregonando al aire
-lleno
del chirriar de las grúas-
el consorcio del hierro
y el obrero.”

“Trópico”, evidencia la influencia telúrica de la Isla sobre el poeta, a la cual rinde auténtico tributo en sus versos, incursionando a la vez en el ambiente rural, desde un lenguaje de pueblo que encuentra cauce adecuado en la décima como expresión por antonomasia de lo cubano en la poesía. La división del poemario en las secciones de “Campo” y “Mar”, evidencian una visión de lo cubano que va calando desde el afuera para insertarse con fuerza en la corriente nutricia de lo nacional.

De acuerdo con Virgilio López Lemus “Florit recobra el cuerpo de la décima para una poesía que, directamente emanada de lo popular, busca la valía sin fronteras de una expresión universal. Ese tocar por la décima en el decir del pueblo, desprende versos, si no de franca protesta o participación social, de queja por el paisaje; de intención nacionalista”

Estos dos poemarios preceden a la definitiva consagración de Florit como poeta, ilustrativos en su diversidad de la búsqueda de un cauce expresivo satisfactorio para su interioridad creadora. El hecho de que ambos hayan sido publicados en la Cuba de finales de la década del 20 les imprime ciertas afinidades con el grupo nucleado en torno a la ”Revista de Avance”, a través de la cual bebió en las fuentes soterradas de la cubanía.