4.1.1.2.1 “Arabescos mentales”, de Regino E. Boti (1878 – 1958)

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4.1.1.2.1

El título de “Arabescos mentales”, parece aludir a un mero ejercicio intelectual o incluso una concepción más bien lúdica del ejercicio poético, sin embargo nada más ajeno al propósito de Regino E. Boti de sacudir la entraña dormida de nuestra poesía, el cual quedó plasmado más como luz sobre el camino que había de seguir la lírica cubana y no como factura superior en el aspecto formal.

El texto vio la luz en 1913, pero su poema más antiguo data de 1904, por lo que su unidad expresa asimismo un transcurrir y una multiplicidad dada por las secciones que lo integran, en torno a líneas ideotemáticas disímiles, con los subtítulos de: Blasones, Ritmos Panteístas, Alma y Paisaje, Himnario erótico y Lirismos Otoñales. En este sentido el panteísmo, como filosofía de un dios extensible a todas las cosas creadas, está latente en casi toda su poética.

A modo de prólogo expresa en un texto que constituye nuncio programático de la nueva poiesis que estaba adviniendo en el telurismo de la nación, titulado “Yoísmo. Estética y autocrítica de Arabescos mentales” los fundamentos estéticos y filosóficos de su arte, el modo en que solventa las contradicciones entre impulso poético –llega a autocalificarse como impulsionista- y cincelado formal y entre otros de los que pueden llamarse pares antitéticos

Este es considerado por la crítica literaria cubana el poemario más importante publicado en Cuba tras la poética de Casal, si bien no es experimental en el sentido que se le atribuye hoy día al término, si posee un afán de renovación en cuanto al intento de nuevos cauces de expresión, a través de la interiorización del propio yo individual, la búsqueda de la conciliación entre tradición y originalidad.

José Lezama Lima, en una selección que hiciera de las que consideraba 100 mejores poesías cubanas, incluye un poema perteneciente a esta obra, titulado “Funerales de Hernando de Soto” el cual ha contado con el beneplácito de otros antólogos:

“Bajo el lábaro umbrío de una noche silente
que empenachan con luces las estrellas brillantes,
el Misisipi remeda un gran duelo inclemente
al arrastrar sus aguas mudas y agonizantes.

De los anchos bateles un navegar se siente;
brota indecisa hilera de hachones humeantes,
y avanza por la linfa como un montón viviente
aquel sepelio extraño sin cruces ni cantantes.

Hace alto el cortejo. Se embisten las gabarras;
al coruscar las teas los rostros se iluminan
y fulgen las corazas que el séquito alto lleva.

Cien lanzas cabecean. Echa el cocle sus garras
y entre las olas turbias que a trechos se fulminan
el féretro se hunde y la oración se eleva.”

El distanciamiento emocional prima en el sujeto lírico de este texto, como un modo de objetivar sus visiones, el léxico se presenta más bien oscuro aunque no entorpece la comprensión del lector, esa deliberada oscuridad, aunque no de sentido, se debe asimismo a la carga intelectiva que le otorga al poema por encima de cualquier calado emocional.

Arabescos mentales es un texto desigual no solo en cuanto a postulados poéticos sino también por la conjunción de lo trascendente y lo prescindible en el arte. Este es incluido por José Manuel Poveda entre los tres libros más importantes de la etapa y afirma que en este “hay los inicios de un nuevo verso que ignora sus secretos y que marcha un poco como a tientas, pero que asciende indudablemente hacia alturas no holladas todavía”