4.1.1.6.1 Primeras incursiones líricas y el poemario “Versos Precursores”, de José Manuel Poveda (1888 -1926)

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“Versos precursores” fue publicado por José Manuel Poveda en 1917, pero los poemas que integran este libro se remontan a 1912. Aunque aquí se concentra lo más selecto de la lírica povediana, con anterioridad había publicado algunos sueltos dignos de la posteridad y donde ya se perfilaba su tendencia tanática y cierto agotamiento vital, todo lo cual se trasluce en su poema “El Ocaso del Cóndor”, no muy antologado a pesar de sus aciertos, del cual se transcriben las estrofas finales:

“Yo no podría deciros todo cuanto he sufrido,
cuál ha sido mi esfuerzo, cómo ha sido mi vida…
sólo sé que estoy débil y que estoy muy cansado,
y que siento nostalgia de la dicha perdida.

Solo sé que aún de pie sobre la árida cumbre,
del ocaso rojizo al fulgor vacilante,
tiemblo, gimo y suspiro bajo mi pesadumbre
con la garra partida, con el ala sangrante.”

El poemario “Versos Precursores” está integrado por cuatro secciones: “Joyel parnasiano”, “Evocaciones”, “Advocaciones”, “Las visiones y los símbolos” y “Cantos Neodionisíacos”. En este texto están latentes tanto sus inquietudes renovadoras como la influencia modernista; pero va más allá y alcanza una expresión decididamente singular dentro de la lírica cubana de entonces, asociado a sus vivencias personales, tamiz de su expresión poética.

Se integran en esta obra; pero alcanzando un estilo sintetizador que rebasa la sumatoria holística, las influencia de Julián del Casal en un culto casi inveterado que mantenían los bardos de entonces; pero también de Baudelaire y de otros líricos europeos. El trabajo formal, el valor de la poesía per se, no desdicen de la sensibilidad y la percepción intelectiva del mundo que subyacen detrás de las estructuras estróficas de Poveda.

Poveda no concibió esta obra como culminación sino como apertura hacia una nueva estética; pero a la vez no creía en una originalidad absoluta sino en el modo de volver sobre las raíces insulares, históricas y líricas, verdad y belleza, para rescatar y fundir con el presente todo el ser nacional, su gran concepción de la Patria donde tiene cabida la individualidad creadora, hecha también del universo de los símbolos colectivos.

El bardo podría ser acusado de cierta egolatría; pero ello solo porque su conciencia y sensibilidad poética le permitieron captar con ojo crítico toda la panorámica en torno suyo, prefiriendo la obra de Regino E. Boti y su propia voz, dentro de la larga fila epigonal, marcada por la filtración del trabajo artístico por deseos de reconocimiento social y otros intereses ajenos a la esencia creadora de la poesía.

Casi tres décadas después de publicada la obra, en un número de la revista “Orígenes”, Rafael Esténger selecciona algunos fragmentos contentivos de criterios de Poveda sobre arte, belleza y otros tópicos; y apunta además: “No fué José Manuel Poveda, según la imagen que trasmiten sus Versos Precursores, un poeta de torre de marfil: fué más bien hombre de ágora, y de ágora fragorosa. Ejerció el rol de misionero de la renovación literaria: luchó por ella en la tribuna y el periódico, sin olvidar las trifulcas civiles. Solía escribir el vocablo Patria utilizando la mayúscula reverente”