4.1.1.7 Mariano Brull (1891 – 1956), la estética purista como poética

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Juan Marinello llegó a expresar que Mariano Brull había sido el cubano mejor dotado y dispuesto para la poesía pura; fue el único que se mantuvo fiel a este credo estético desde la publicación de “Poemas en menguante”, en 1928 y a través de toda su trayectoria poética posterior; en este sentido fue uno de los bardos que llevaría a más altas cimas la lírica cubana, cuyos versos han tenido resonancias en el ámbito insular y universal.

Lo puro en la poesía tomó dos cauces en la obra de Mariano Brull que sin embargo convergieron en muchas de sus piezas poéticas, el denominado fruitivo, en que el disfrute sensorial resulta inmanente, desasido de toda contingencia y vuelto en su extremo hacia la propia sonoridad de las palabras, desprovistas de contenido semántico, como un modo de “paladear” el propio lenguaje.

Expresión de esta modalidad fruitiva en su extremo meramente sonoro, de propósito eufónico, resulta la jitanjáfora, término usado por Brull en uno de sus poemas y acuñado por el escritor mexicano Alfonso Reyes para referirse al citado fenómeno del “léxico” vacío de sentido, no solo como absurdo sino también resultado de su intento de crear un lenguaje preconsciente, transmisor por su propio sentido onomatopéyico.

El término fue extraído de los siguientes versos del poemario “Poemas en menguante”, de 1928:

“Filiflama alabe cundre
ala olalúnea alífera
alveolea jitanjáfora
liris salumba salífera”

Además de la modalidad fruitiva, la obra de Mariano Brull discurrió por senderos de indagación intelectiva en el cual intenta aprehender y plasmar la esencia de las cosas a través de la abstracción; y encontrarse a sí mismo en la propia dejación de su ser de carne real. La actitud purista llevada hasta sus últimas consecuencias desemboca en la nada desde el punto de vista filosófico y en el silencio en materia poética, lo cual fue quizás percibido por Brull en el propio meollo de sus búsquedas, como ilustra su poema “A toi – meme”, traducido del francés por Cintio Vitier:

“Tú que buceas en lo eterno
y vuelves con las manos vacías,
lleno de un olvido que solo pesa
en las pestañas cargadas de sueños;
tú que de nada colmas tu vida
para serle más ligero al ángel
que sigue tus pasos con los ojos cerrados
y no ve sino por tus ojos;
¿has encontrado el cuerpo del Ícaro
en la sombra de tus alas perdidas?
¿Qué es lo que te ha vuelto mudo
entre las arenas de la nada,
a ti que buceas en lo eterno
y vuelves con las manos vacías?”

Su obra, a pesar de lo iterativo de los símbolos y de la fidelidad a una estética que determinó en última instancia una poesía sin evolución – lo cual es lógico si se tiene en cuenta que desde la cosmovisión idealista del autor, de fuerte impronta neoplatónica, las más puras esencias son ajenas al transcurso accidentado del tiempo- la obra de Mariano Brull presenta una factura artística depurada, asociada a una musicalidad desprovista de artificio, que se inscribe en lo mejor de la poesía cubana de todos los tiempos.