4.1.1.8.1 Corrientes y confluencias literarias en la obra poética de José Zacarías Tallet (1893 – 1989)

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4.1.1.8.1

La obra poética de Tallet se sitúa precisamente en ese momento de ruptura con el modernismo y apertura hacia nuevos espacios, aunque aparezcan un poco diluidos bajo el nominativo común de vanguardia, en cierta forma lo ignoto que estaba sacudiendo la poesía en el aspecto formal pero que no encontraría un contenido definido si no en las vertientes que de ella se derivaron, dígase poesía pura, negrista y social.

La desarticulación que proponía la vanguardia incluía también las reminiscencias románticas, lo cual está latente en estos versos de implicaciones metapoéticas, pertenecientes a su poema “Posibilidades”, dicho sea de paso, testimonio también de las contradicciones y fracturas que provoca en el hombre la escisión de la sociedad en clases, en el contexto además de la Cuba previa a 1959:

“Tú ignoras que yo te quiero
y talvez nunca lo hayas de sospechar,
aunque eres para mí las estrellas, el claro de luna,
el alba, el ocaso y todo lo demás
que amaban los románticos del buen tiempo viejo
y que ya no se usa…

Es cuestión de categorías
y tú estás
varios peldaños más arriba…
Y yo no podré subir y tú no querrás bajar
(o no te dejarán bajar).”

“La semilla estéril” fue llamada por su propio autor “un manojo” quizás por la diversidad temática o esta confluencia de corrientes, en la que se aprecia, aun en la ruptura con el modernismo, ciertos signos de la estética de Rubén Darío y de otros modernistas.

Predomina el tono prosaísta, de desacralización de los temas, una actitud confesional que no tiene muchos asideros con las poéticas vigentes en su tiempo en tanto autenticidad, incluso con una tendencia de derivación hacia lo narrativo; y que constituye quizás lo más llamativo de su lírica, lo que lo aproxima al lector contemporáneo y al matiz conversacional de etapas posteriores.

Su poesía, aunque no puede calificarse de netamente social, si adoptó en ocasiones un tono de denuncia, como en el poema citado, con respecto a la escisión en clases. No desprendido del todo de circunstancias tanto en cuanto a corrientes estéticas como a ideologías, si legó estos versos precursores de “Proclama”, donde trata de romper sus propios condicionamientos al tornarlos conscientes; y ofrece al menos dos lecturas, la puramente estética de rebasamiento del yo romántico y la de índole social:

“Gente mezquina y triste,
que al par sabéis de las rebeldías vergonzantes e incógnitas
y de las renunciaciones cobardes y heróicas,
escuchad la voz de uno que habla por vosotras.

Yo soy el poeta de una casta que se extingue,
que lanza sus estertores últimos ahogada por el imperativo de la historia;
de una casta de hombres pequeños, inconformes y escépticos,
de los cómodos filósofos de “en la duda, abstente”,
que presienten en alba tras las negruras de la noche,
pero les falta fe para velar hasta el confín de la noche.
(¿No oís el trueno sordo de la impotencia nuestra?)

Soy uno de los últimos que dicen,
trágicamente, “yo”,
convencido a la vez de que el santo
y seña de mañana tiene que ser “nosotros””

Además cultivó la línea negrista, con dos poemas que quizás revelan esta misma necesidad de integración al “nosotros”, de todas las capas de la sociedad que formaban parte de la inmediatez de sus andares, con un regodeo sensual que es quizás prueba de la íntima transculturación, y una estela menos irónica, ya como sujeto inmerso en el espectáculo que contempla, sus títulos son “Negro Ripiera” y “La Rumba”, sirva un fragmento del segundo como ejemplo:

“La negra Tomasa con lascivo gesto
hurta la cadera, alza la cabeza,
y en alto los brazos, enlaza las manos,
en ellas reposa la ebánica nuca
y procaz ofrece sus senos rotundos
que oscilando de diestra a siniestra
encandilan a Chepe Cachón.”