4.1.2.10.6 “Habana del centro”,1997, texto poético de Fina García Marruz (1923 – )

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4.1.2.10.6

“Habana del centro” es un poemario publicado por Fina García Marruz en 1997, aun pendiente de ser desbrozado por la crítica especializada. Consta de una seccion homónimo y de otras nueve tituladas “De los humildes y de los héroes”, “Viejas melodías”, “Créditos de Charlot”, “Nociones elementales y algunas elegías”, “Física elemental”, “Segundas partes”, “Oda a Anacreonte y otros poemas”, “Los Rembrandt del Le Hermitage” y “Verso amigo”.

Algunas de las piezas que integran el poemario datan de la etapa republicana y no están cronológicamente ordenadas, quizás por constituir pinceladas intemporales con las que Fina había ido pintando su ciudad interior. Sin embargo algunos poemas, como “La puesta” nos adentran por un mundo de lírica reminiscencia de la infancia, el milagro de la puesta del sol desde una azotea habanera.

En este poemario rinde asimismo tributo a poetas fundamentales de nuestra tradición, entre ellos Eliseo Diego, José Lezama Lima, Octavio Smith, Roberto Fernández Retamar y Samuel Feijóo, entre otros. De alguna manera estas poéticas concurren también en la obra de Fina, aunque su singularidad creadora integró y trascendió un sinnúmero de influencias nacionales y foráneas.

En “Cristales empañados”, plasma en una prosa poética de altura muchos recuerdos familiares. Estas piezas tienen un tono de intimida trascendida, como si la poetisa hubiese pasado todo el lapso de la soledad a la evocación y de ahí a la expresión poética de su hallazgo en la memoria, para pasar a un nuevo estado de comunión con sus circunstancias y lectores. Pero además de estos poemas, expresa en “Viejas amistades” el tópico de la esencia de la poesía:

“Poesía, abro la mano. Estás generosa hoy (…) Sé el lugar solitario donde moras y donde musitas todas las cosas que hemos olvidado. No siempre acerté a serte fiel, pero mis entrañas únicamente saben del imponente ímpetu con que tus aguas una vez llenaron las cavernas húmedas de mi roca desierta.”

Forma parte del poemario un extenso texto dedicado a Rita Montaner, a quien propone incluir no entre las voces sino entre las “risas cubanas”, como reflejo de su alegría vital, además de otras dedicadas a Bola de Nieve y Miguel Cuní, Virgilio y otros. Los materiales líricos que moldea en el texto son ciertamente diversos y algunas piezas descuellan por sobre otras en cuanto a resonancias estéticas; sin embargo convergen en un diálogo con la memoria que alcanza cúspides notables, como colofón de una trayectoria lirica de alcance universal.