4.1.2.2.8 La obra narrativa de José Lezama Lima (1910 – 1976)

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La obra narrativa de José Lezama Lima no se distingue esencialmente de su poética, por cuanto el universo de imágenes de esta última está asimismo presente en su narrativa, cuya ilación muchas veces acompaña a los resortes de la narración; incluyó además muchos textos de esta índole en sus poemarios e incluso como parte de sus novelas –Paradiso y el cuerpo inconcluso de “Oppiano Licario”- se incluyen textos de una coherencia argumental independiente.

Sobre la imbricación entre poesía y prosa en la obra lezamiana, expresa Reynaldo González: “Los “cuentos” lezamianos son piezas que entran con naturalidad en la concepción que el gran poeta tuvo de su literatura. Si en ellos podemos encontrar elementos poéticos predominantes, no sorprenderán los narrativos en su poesía, que es la razón y móvil de toda su obra, como lo fuera de su personalidad, algo explícito para quienes lo conocimos. (…) Para entrar en lo que se desea llamar cuentística de Lezama Lima será preciso apelar a las consideraciones que él mismo estableció para la mejor fruición e intelección de su obra…”

Estas consideraciones atañen sobre todo a su sistema poético, el cual brinda las claves para la mejor intelección de su obra, también en el terreno de la narrativa; como elementos claves pueden citarse la coexistencia de distintos ámbitos discursivos y la denominada autorreferencialidad, en cierto modo afín a los elementos metapoéticos que afloran en su discurso lírico, todo lo cual complejiza la lectura de sus piezas de esta índole, sobre todo si se prescinde del aludido sistema.

Algunas de las primeras obras escritas por José Lezama Lima son las tituladas “Fugados”, “El patio morado”, “Para un final presto” y “Cangrejos, golondrinas”, “Juego de las decapitaciones” y “Cuento del Tonel”, las dos últimos publicados en “Orígenes”, a través de las cuales se puede captar la progresiva asunción del citado sistema poético, que tornaría explícito en 1954.

Reinaldo González cita además como piezas de esta naturaleza, incluidas en sus sucesivos poemarios, las denominadas “El guardián inicia el combate circular”, “Pífanos, epifanías, cabritos”, “Peso del sabor”, “Tangencias” e “Invocación para desorejarse”.

En “Juego de las decapitaciones”, uno de sus textos más próximos al polo de la narrativa, Lezama entreteje el peso de una ficción gravitante sobre la realidad, hecha de imágenes en que se mezclan magia, realeza y traición, cadena de sucedidos en que la vida y la muerte parecen coincidir en lo lúdico. El trasfondo de la Antigua China le sirve a un vuelo de imágenes que vienen a caer sobre la muerte de El Real, anulado así todo triunfo por lo implacable del tiempo.

El ámbito narrativo y el ámbito lírico no son susceptibles de deslinde en el conjunto de la obra lezamiana, incluso los personajes que integran sus ficciones cuentísticas constituyen a veces puras imágenes, concreciones poéticas, manifestando así la preeminencia de esta por sobre lo narrativo. No obstante, los procedimientos de Lezama fomentaron nuevos derroteros para el género, por los cuales todavía transitan las actuales generaciones literarias cubanas.