4.1.2.3.8 La narrativa de Virgilio Piñera (1912 – 1979) en la etapa revolucionaria

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Entre las obras concebidas por Virgilio Piñera en la etapa revolucionaria, se cuentan “El no” y “La rebelión de los enfermos”, que apuntaban sinuosamente a la problemática social en torno a lo ideológico, la instauración de un canal único de pensamiento, absolutizado y plasmado en una cultura oficial que no aceptaba divergencias de criterio, aun en aspectos mínimos, el denominado y tantas veces esgrimido “diversionismo ideológico”.

La primera constituye una pieza teatral pero permeada de modos narrativos de hacer literatura, los protagonistas forman una pareja heterosexual decidida a no efectuar matrimonio ni unirse carnalmente, lo cual constituía una manera de defender la posibilidad de una alternativa diferente a lo establecido en diversos órdenes, en definitiva el derecho del ser a su individualidad frente a una uniformidad de pensamiento – unanimidad de expresión- que atentaba contra la identidad personal.

A este lapso de su narrativa pertenecen las piezas “El que vino a salvarme”, 1967 (perteneciente al libro homónimo pero publicado tres años antes); “El crecimiento del señor Madrigal” y “La muerte de las aves”, los dos últimos de 1978. En ellos recrea con su habitual maestría el tema de la muerte, la externa de la que se desconoce su hora y aquella que va creciendo dentro del sujeto, entremezclada con su propia vida.

“La muerte de las aves”, 1979, último cuento que concibió el prolífico escritor, plantea un rejuego entre realidad y ficción literaria, que parte de la supuesta muerte simultánea de todas las aves que habitan el planeta, presentada como realidad inobjetable y reticente a los análisis y las hipótesis, pero deshecha finalmente por voluntad del narrador, elevado a la altura de dios en tanto hacedor y deshacedor de las circunstancias del mundo:

“Solo nos queda el hecho consumado. Con nuestros ojos las miramos muertas sobre la tierra. Más que el terror que nos procura la hecatombe, nos llena de pavor la imposibilidad de hallar una explicación a tan monstruoso hecho. Nuestros pies se enredan entre el abatido plumaje de tantos millones de aves. De pronto todas ellas, como en un crepitar de llamas, levantan el vuelo. La ficción del escritor, al borrar el hecho, les devuelve la vida. Y sólo con la muerte de la literatura volverían a caer abatidas en tierra”.

Los cuentos de los volúmenes de esta etapa no tienen entre sí diferencias sustanciales, valga mencionar sin embargo los títulos publicados, a los que pertenecen las distintas obras citadas: “El que vino a salvarme”, 1970; “Un fogonazo”, 1987 y “Muecas para escribientes”, también de 1987.

La vasta obra narrativa de Piñera, consolidada en estos años finales, muestra otro cariz de la literatura cubana y latinoamericana, si bien no alcanzó el reconocimiento oficial merecido –sí entre sus conciudadanos- hasta la década del 80, es uno de los autores que más fuerza le imprimió a nuestra narrativa.