4.1.2.7.1 “En la calzada de Jesús del Monte”, primer texto poético de Eliseo Diego (1920 – 1994)

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“En la Calzada de Jesús del Monte”, de 1949, fue el primer texto poético en forma de libro que publicara Eliseo Diego, el cual constituyó una revelación en el mundo origenista, con resonancias en todo el ámbito poético nacional. El cuaderno recibió elogiosos comentarios de los principales integrantes de Orígenes, entre ellos José Lezama Lima, que manifestó límpida alegría ante el advenimiento de una poesía de superior sustancia a la de generaciones precedentes.

Este poemario resulta asimismo un notable exponente de la lengua española y de sus intrínsecas cualidades poéticas, la cual Eliseo Diego lleva a un zumo que es el de la palabra como materia pero en que la realidad y lo vital se percibe por sobre cualquier arabesco verbal. El lenguaje es de cierto matiz culterano pero dúctil a la paciencia poética del Diego y su afán de esculpir formas estéticas de perdurable voz.

De acuerdo con Cintio Vitier, quizás el crítico más sagaz de la obra de Eliseo Diego: “…este volumen de 35 composiciones en verso y algunas páginas de prosa, representa el mayor esfuerzo realizado entre nosotros en la dirección de una estructura poemática homogénea de asunto y forma. Partiendo de un centro de nostalgia, su discurso se adensa y se ensancha provocando esplendores cada vez más hundidos en la meditación religiosa de la especie.”

Las 35 composiciones aludidas se integran en 10 secciones en las que se aprecia a veces el libre fluir de las formas versales y otras un contenido lirismo que se ciñe al soneto y a otras estructuras estróficas con igual maestría. Lo histórico aparece en ocasiones como un soterrado entretejimiento en el presente y otras como explícita alusión a las raíces configurativas de lo nacional, un legado que extiende a lo poético, como es el caso de “El retrato de Carlos Manuel de Céspedes”.

El texto inicial del cuaderno y al mismo tiempo iniciático, “El primer discurso” de Eliseo Diego, fue recogido y encomiado por José Lezama Lima en su selección de las mejores poesías cubanas , por el cual calificara ya al bardo como “uno de los más opulentamente sobrios destinos poéticos que hemos tenido”. Ya aquí se aprecia la memoria ensanchada y un sentido de unción religiosa como sempiterna fuente de la palabra poética en Eliseo Diego:

“En la Calzada más bien enorme de Jesús del Monte
donde la demasiada luz forma otras paredes con el polvo
cansa mi principal costumbre de recordar un nombre,

y ya voy figurándome que soy algún portón insomne
que fijamente mira el ruido suave de las sombras
alrededor de las columnas distraídas y grandes en su calma.

Cuánto abruma mi suerte, que barajan mis días estos dedos de piedra
en el rincón oculto que orea de prisa la nostalgia
como un soplo que nombra el espacio dichoso de la fiesta.

Al centro de la noche, centro también de la provincia,
he sentido los astros como espuma de oro deshacerse
si el silencio delgado penetraba.

Redondas naves despaciosas lanudas de celestes algas
daban ganas de irse por la bahía en sosiego
más allá de las finas rompientes estrelladas.

Y en la ciudad las casas eran altas murallas para que las tinieblas quiebren,
!oh el hervor callado de la luna que sitia las tapias blancas
y el ruido de las aguas que hacia el origen se apresuran!,

y daban miedo las tablas frágiles del sueño lamidas por la noche vasta.
Mes en los días el vuelo desgarrador de la paloma
embriagaba mis ojos con la gracia cruel de las distancias.

Cómo pesa mi nombre, qué maciza paciencia para jugar sus días
en esta isla pequeña rodeada por Dios en todas partes,
canto del mar y canto irrestrañable de los astros.

Calzada, reino, sueño mío, de veras tú me comprendes
cuando la demasiada luz forma nuevas paredes con el polvo
y mi costumbre me abruma y en ti ciego me descanso.”

Este texto fijó un estilo de decir en que libertad expresiva y contención poética no resultaban antagónicas; otras piezas del cuaderno se han incorporado ya también a lo mejor de nuestra tradición, como es el caso del poema “Voy a nombrar las cosas”, que testimonia un modo de conferir realidad a través de las palabras, recobrada existencia que tiene asiento en un lenguaje poético de inusitada espesura.

El poemario en su totalidad es plétora de un lirismo que se nutre de las esencias nacionales que va hallando pero cuya brújula apunta a lo ecuménico y lo eterno desde la inmanencia y no por externa imposición.