4.1.2.7.2 El poemario “Por los extraños pueblos”, 1958, de Eliseo Diego (1920 – 1994)

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4.1.2.7.2

En “Por los extraños pueblos”, de 1958, Eliseo Diego continuó una línea poética similar a la que había iniciado con su esencial poemario de “En la Calzada de Jesús del Monte”; en esta obra cuajan muchas de las búsquedas origenistas en torno a lo nacional que había mantenido después de la revelación de su primer cuaderno y se fija ya su trascendencia para la etapa de las letras republicanas y de la expresión poética latinoamericana.

En este poemario se aprecia una pretensión aun más marcada de fijar las esencias de la patria pero no desde el pintoresquismo sino a través del remonte histórico y la indagación cada vez más profunda en las aristas de la realidad circundante, tanto lo típico desde el punto de vista natural y geográfico como el entramado de las vivencias y la conciencia social de este uno de los tiempos más vertiginosos.

Desde el punto de vista de las formas poéticas se manifiesta aquí un acendramiento de las estructuras castellanas tradicionales, sobre todo en el cultivo de la décima y el soneto, en un afán de concretar versos de lirismo cerrado y suficiente. Sin embargo otras piezas desbordan esta concepción y presentan cierta exuberancia anclada asimismo al lenguaje y coyunturas típicamente criollas o incluso de más marcada cubanía.

El tono del poemario se diferencia un tanto del texto precedente en tanto su indagación no es ya agónica sino que tiene matices de alegría que es la de un advenimiento cuasi augurado desde el conocimiento poético, donde la memoria se vuelca hacia el porvenir y hacia la intelección de una realidad que está ya, extrayendo las palabras de las ficciones de Virgilio Piñera, “en su punto de máxima saturación”.

En el prólogo del libro Expresa Eliseo Diego: “No es por azar que nacemos en un sitio y no en otro, sino para dar testimonio. A lo que Dios me dio en herencia he atendido tan intensamente como pude; a los colores y sombras de mi patria; a las costumbres de sus familias; a la manera en que se dicen las cosas; y a las cosas mismas –oscuras a veces y a veces leves.”

Como se aprecia a partir de este planteamiento, lo religioso y lo nacional entretejen aquí su urdimbre, encarnan en una propuesta poética de señeros quilates. La pobreza y el desamparo de la realidad son conjurados en estos versos a través de una incesante búsqueda de lo que resplandece dentro del persistente vacío de lo real. Es aquí donde el poeta se sumerge en un diálogo con sus estancias entrañables y afirma “Porque quién vio jamás las cosas que yo amo”.