4.1.2.7.6 El cuaderno “Los días de tu vida”, 1977, de Eliseo Diego (1920 – 1994)

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4.1.2.7.6

En “Los días de tu vida”, de 1977, Eliseo Diego ahonda en las temáticas fundamentales que habían definido su poética hasta el momento, la muerte, lo efímero y particularmente el poder arrasador del tiempo en su predeterminación y eterno fluir sin diques. Aquí la angustia y los dilemas de la existencia son llevados a un plano superior de conciencia en el que priman los estados internos por sobre los estímulos punzantes de lo real.

La vivencia inmediata de lo circunstante cede pasa a construcciones intelectualizadas de la realidad, como expresión de la necesidad de erigir un sistema para entender el mundo a partir de la insuficiencia exegética de la realidad, para ello se vale menos de las impresiones y más de la memoria, tocada por su peculiar facultad creativa.

Lo propiamente literario cobra en este texto un significado que no había tenido hasta ese entonces en cuanto a la capacidad de engendrar nuevas ficciones. En este sentido, Eliseo Diego le atribuye valores de realidad y recrea mitos, personajes, argumentos propios del ámbito de la literatura y en los que se aprecia el conocimiento de importantes autores y obras, de esta índole son los textos titulados “Una visita a Ivan Serguevich”, “A Fedor Mijailovich Dostoievski” y “Responso por Rubén Darío”.

Puede decirse que en este poemario irrumpe el tema histórico no solo como conocimiento correlacionado a determinados temas sino como fuente esencial de la indagación lírica, de esta naturaleza es el contenido de “Pequeña historia de Cuba”; aunque no debe identificarse histórico con remoto sino con todos aquellos aconteceres que determinaron el cariz definitivo de la nación; adecuado a este concepto es el magnífico poema “Donde nunca jamás se lo imaginan”, dedicado a Ernesto Che Guevara:

“Entonces ya es seguro que estás muerto.
No volveremos otra vez a verte
jugar con el aliento de los hartos
al escribir como al desgano: che,
sobre el dinero.

Entre leyendas
viniste brevemente a nuestro día
para después marcharte entre leyendas.
Cruzabas en la sombra, rápido
filo sediento de relámpago,
y el miedo iba a tronar donde no estabas.
Luego, es verdad, la boina seria
y el tabaco risueño, nos creímos
-y tú sabrás, si cabe, perdonarlo-
que te quedabas ya para semilla
de cosas y de años.

Hoy nos dicen
que estás muerto de veras, que te tienen
por fin donde querían.
Se equivocan
mas que nosotros figurándose
que eres un torso de absoluto mármol
quieto en la historia, donde todos
puedan hallarte.
Cuando tú
no fuiste nunca sino el fuego,
sino la luz, el aire,
sino la libertad americana
soplando donde quiere, donde nunca
jamás se lo imaginan, Che Guevara.”

En este poemario el autor también mantiene un tono conversacional que lo acerca a la inmediatez a pesar de la citada dosis de intelectualización, su instrumento poético recoge así las vibraciones colectivas y se hechiza en su momento histórico, para dar testimonio de las pérdidas pero también los hallazgos acontecidos en las aguas de los nuevos tiempos. A través de la potencia de la palabra poética el autor trata de conjurar el paso inexorable del tiempo.