4.1.2.7.8 “Inventario de asombros”, escrito en 1982 por Eliseo Diego (1920 – 1994) y otros textos poéticos

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4.1.2.7.8

En “Inventario de asombros” el paso del tiempo parece adquirir el estruendo de una catarata que se acerca a su despeñadero, dado por la cada vez más próxima certeza de la muerte que es consustancial a cada ser. El tono aquí no deviene melancólico sino de un dinamismo de imágenes que es el intento de ocupar velozmente la exigua suma de minutos que van restando, restándose.

El poeta se regodea en una soledad que no pueden conjurar las palabras, más bien se encastilla en ellas para resistir ante lo perecedero y trata de fijarse en una sucesión a veces vertiginosa de imágenes de impecable factura, exponentes de un léxico y un trasfondo imaginal que se había ido puliendo por el paso de los años y la continuidad de las aventuras lectivas en otros cosmos expresivos.

El tema de la historia y la realidad circundante retornan en este poemario, las calles, los laberintos de la Habana configuran ciertos rasgos pictóricos del poemario, sin embargo en ellos el poeta se muestra como un ente que divaga, extrañado de sí, prisionero de una soledad que es en definitiva cierta incomunicación, cierto habitar en una invisible burbuja.

Ante lo ineluctable del tiempo, Eliseo Diego erige su propio oasis de excepción que deviene lirismo concebido en las estancias ya umbrías de la memoria. Lo cotidiano entonces constituye puntero hacia la evocación de realidades deseadas y ausentes, a partir de un poder asociativo que tiene como asidero fundamental las que pueden llamarse permanentes esencias de la nación, continuidad de sus lugares míticos, de “piedra civil”.

La obra de Eliseo Diego no tiene aquí colofón sino que prosigue en los cuadernos titulados “Soñar despierto” y “Olmeca”, de 1984 y 1994 respectivamente. En esta última etapa de su producción se aprecia el afán de penetrar la realidad y encontrarse también a sí mismo, lo cual no se vierte en una poética intimista pero tampoco de excesivo exteriorismo, sino auténtica en tanto expresión de genuinos estados afectivos, no despojados de intenciones indagatorias de naturaleza más intelectiva.