4.1.2.9.11 El cuaderno “Entrando en materia”, 1967, de Cintio Vitier (1921 – 2009)

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Aunque el poemario “Entrando en materia”, ciertamente es el resultado de un giro en la percepción poética de Cintio Vitier, en el mismo se aprecia un denso hilo de continuidad con respecto a las huellas que ya había dejado a su paso por la poesía, sobre todo en lo que respecta a esa poética afirmativa que demanda comunicarse y adquiere nuevamente un tono conversacional.

Los exégetas de la obra de Vitier han señalado la irrupción en esta obra de nuevas temáticas, si bien no totalmente nuevas pero sí como construcción de más amplias zonas semánticas, una de ellas es la puramente política, que se aprecia en “Torre de marfil” y en otros poemas que integran la colección, en que se refleja una tendencia hacia lo discursivo por sobre lo imaginal que si bien tendría sus ganancias, entorpecería en ocasiones la lírica fluidez de sus textos.

Un tema raigal para la poética e imperativo para la supervivencia psicológica de Vitier, lo fue la relación entre religión y revolución, la cual encontraría en el plano ético un adecuado sustento; asociado a este punto estuvo su concepto de la justicia y el modo en que lo llevaría a versos que no intentan suplantar la belleza de lo que acontece, lo que se ha dado en denominar poética de lo factual.

Hay en las poesía contenida en “Entrando en materia” un ensanchamiento de su cosmos poético, a partir de sus vínculos con lo telúrico inmediato y a la vez lo celestial; esto último determina en cierto modo un rumbo de viador, que busca su eternidad en una espiritualidad que es en cierto modo comunión definitiva con la sustancia última de la poesía.

En este poemario Vitier recupera la emoción de estar ligado a un proyecto colectivo, el sentido del compromiso no impuesto desde la sociedad sino que constituye fiel expresión de un crecimiento interno. Dar testimonio de esta emoción y de su cotidiano hacer se convierten en objeto principal del discurso por sobre cualquier remanente de esteticismo. Lo que consideró su misión para ese entonces lo definiría con estas palabras:

“Vamos a hacer un mundo de verdad, con la verdad partida como un pan terrible para todos. / Es lo que yo siento que cada día me exige, implacablemente, la Revolución.”