4.1.3.4 Vida y poética de Heberto Padilla (1932 – 2000)

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Heberto Padilla es sin dudas uno de los poetas más sobresalientes que ha tenido la emigración cubana, por la intensidad y autenticidad de sus versos, en los que están vertidos sus vivencias dentro y fuera del proceso revolucionario cubano, también como representante de un sector de la población que no se avino al totalitarismo político, aun compartiendo las encarnadas utopías del socialismo que conllevó en Cuba importantes conquistas materiales y espirituales.

El autor no ha sido del todo valorado en su cualidad poética y parte de los honores recibidos se deben a la actitud política que asumió tras casi una década del triunfo revolucionario, en 1968, año en que fuera laureado su cuaderno “Fuera del juego”, en sí mismo polémico por contener poemas etiquetados entonces como contrarrevolucionarios, detentando sin embargo el apoyo de muchos intelectuales dentro y fuera de la Isla.

Ya anteriormente Padilla había publicado “Las rosas audaces”, en 1941; “El justo tiempo humano”, 1962 y “La hora”, 1964 –este último cuaderno no siempre incluido cuando se recuenta su obra lírica- en los cuales se aprecia su pertenencia estilística a los vaivenes de la generación del 50 en cuanto al neorromanticismo y el coloquialismo que signó los primeros años de la poética militante de la Revolución.

El condicionamiento político de la obra de Padilla se hizo evidente con la lectura de los versos de “Provocaciones”, en 1971 en la sede de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, sita en 17 y H, Vedado, Ciudad de la Habana, cuando se desempeñaba ya como profesor de la Universidad de la Habana, después de la ruptura que significó “Fuera del juego” con respecto a su labor como representante del Ministerio de Comercio Exterior y otros cargos públicos que había ocupado.

En 1970 había publicado “Por el momento” y en 1980 abandonó definitivamente la patria, aunque sus textos denotan una honda ligazón con esta que perduraría desde las evocaciones a veces nostálgicas del exilio, su trayectoria lírica incluiría en este último lapso “El hombre junto al mar”, poemario que publicara en 1981, símbolo este de todas sus estancias.

El bardo incursionó también en el género novelístico con “En mi jardín pastan los héroes”, publicado también en 1981 y el texto “La mala memoria”, de corte autobiográfico, además de “Los sueños nunca se cumplen” y otras piezas, a lo cual se agrega una destacada trayectoria académica y periodística cuyas fundamentales pautas se verán en otros acápites.

Su muerte fue lamentada unánimemente, por los sectores más reaccionarios de la emigración y por el pueblo y la institucionalidad oficial de la Revolución, donde al margen de divergencias ideológicas se le reconoce su valía como poeta.