4.1.3.5 Poetas esporádicos de la generación del 50: Tomás Gutierrez Alea (1928 – 1996)

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4.1.3.5

Aunque Tomás Gutiérrez Alea ha trascendido a la cultura cubana por su labor como cineasta, también es dueño de una obra poética que suscitó el interés del parnaso de su tiempo, la cual no continuó pero sí incorporó elementos de esta mirada poética del mundo a su devenir como guionista y director en Italia y después en el contexto cinematográfico cubano del período revolucionario, una de las más destacadas figuras del nuevo cine latinoamericano y fundador del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC), sito en 23 y 12, Vedado, Ciudad de la Habana.

Autor de una vasta filmografía y con una trayectoria también como documentalista, codirigió junto a Juan Carlos Tabío en los inicios de la década del 90, concluido en 1993, el largometraje “Fresa y Chocolate”, única película cubana que ha sido nominada para los premios Oscar; contentiva esta de una crítica de la sociedad y la institucionalidad cubana pero desde el compromiso revolucionario, marxismo y homosexualidad se entretejen en una trama de alta concepción poética, que se sumerge a ratos en zonas hasta ese entonces no reveladas de la cultura cubana, incluyendo la obra y el hálito de José Lezama Lima.

Gutierrez Alea es el autor del poemario “Reflejos”, publicado en 1949, el cual se inscribe en los vaivenes del surgimiento de la nueva generación que sin negar la poética origenista, traía su propio discurso poético, impregnado del neorromanticismo que tendría un auge sustantivo en estos años; aunque esta pieza no tiene un gran alcance estético, aparecen en ella algunos gérmenes que más tarde cuajarían si no en una poética, sí en una estética definida, asociada a las circunstancias latinoamericanas.

Dos años más tarde concluyó la carrera de Derecho en la Universidad de la Habana y viajó a Italia, estudiando cine en el Centro Sperimentale di Cinemoatographia de Roma, especialidad que concluyó en 1953, incursionando desde entonces fundamentalmente en este mundo pero con resultados estéticos en los que se aprecia una interesante poética audiovisual, estrechamente ligada a una concepción del guión o story board también de raíz poética.

El impulso neorromántico inicial de Tomás Gutierrez Alea derivaría hacia una poética de compromiso social que tuvo su espacio privilegiado de expresión en la cinematografía pero sin abandonar la letra impresa, lo cual se verá que continuó realizando tras el triunfo de la Revolución, figurando en estos ámbitos artísticos pero asimismo como defensor de una relación distinta entre cultura y revolución, pudiera decirse que concibiendo el fenómeno revolucionario dentro de la cultura y no viceversa.