4.2.5 La obra narrativa y periodística de Carlos Loveira (1881 – 1928)

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Carlos Loveira fue un escritor de origen humilde, que tuvo que lidiar a temprana edad con la muerte de sus padres y los rigores de la emigración en los Estados Unidos. Se incorporó a la Guerra Necesaria y su filiación patriótica lo llevaría a preocuparse también por los trabajadores y la necesidad de defender sus derechos a través de organizaciones sindicales, desde una postura muy próxima al socialismo

Solo se conocen siete piezas narrativas de este autor, dispersas en cuanto a tiempo y también por haber aparecido en distintos medios de la época. En sentido general su producción cuentística posee características afines a su novelística en cuanto al trazado argumental y personajes más bien evanescentes, que dan enseguida paso al conflicto social que subyace a sus conductas.

Sus piezas de más relieve fueron “Viejos cuadros criollos: el circo”, “De los días heroicos” y “La propina del Ministro”, en los cuales está presente un costumbrismo no meramente descriptivo sino que pretende indagar en las esencias del ser nacional, el individuo en relación con la conciencia social, con la problemática de las clases sociales y sus implicaciones para el sujeto que es víctima de la estratificación y absurdos “valores”, de ella derivados.

Su narrativa adolece de un adecuado sustento argumental, así como en cuanto a la configuración de sus personajes, a los cuales no le insufla suficiente vida, ello quizás porque su vocación fue más sociológica que psicológica, en tanto trataba de trazar y lo conseguía con aceptable calado estético el panorama de su tiempo y los conflictos de la nación.

En este sentido, afloran en sus textos el doble rasero de la moral burguesa y la situación de sojuzgamiento material e intelectual de la mujer, entre otros temas directamente anclados en su realidad.

Sus piezas narrativas fueron publicadas fundamentalmente en “Cuba Contemporánea”, “Smart”, “Social” y “El Fígaro”; pero también publicaría textos próximos al ensayo, de cariz político – social, en “Gente Nueva” y “Cauterios”, las cuales fundó pero subsistieron por poco tiempo, “La Voz de la Revolución”, “Heraldo de Cuba”, “El Simún”, “El Camagueyano”, entre otras. Perteneció a la Academia Nacional de Artes y Letras y a la filial cubana de la Real Academia Española de la Lengua.