4.2.9 La obra narrativa de Miguel de Marcos (1894 – 1954)

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El cariz narrativo de Miguel de Marcos se inicia con el título de “Palpitaciones de la ciudad”, de 1912, en el que aborda el ambiente citadino desde una óptica descriptiva pero también de indagación, que comprende la interacción entre lo social y lo individual como configuradora de la personalidad. Los contrastes de la ciudad son plasmados con cierto impresionismo y una riqueza lexical que el autor ampliaría a lo largo de su vida.

“Lujuria. Cuentos nefandos”, publicado en 1914, abre una vertiente de la literatura cubana en la que confluyen una sexualidad exacerbada y animalizada, en ámbitos de degradación moral, asociada también al consumo de drogas y en definitiva al submundo que se genera como contraparte de una falsa moral social, asfixiante por su rigidez y por la satanización del placer.

En 1943 dio a la luz pública su obra “Fábula de la vida apacible. Cuentos pantuflares” en el que las descripciones costumbristas subvierten en ocasiones la ilación narrativa, con un estilo denominado precisamente “pantuflar” por el propio autor, alusivo a la a agilidad, cálamo currente, con que el escritor va trazando sucesivos cuadros y atrapando simultáneamente la atención del lector por el interesante discurrir narrativo.

Algunas de sus piezas, por la brevedad, pueden considerarse antecedentes del mini cuento contemporáneo, desaprensivos en cuanto al tratamiento de los tópicos más candentes de la sociedad de entonces, naturalistas si se toma en cuenta la falta de vocación para enjuiciar la realidad que denotan algunos, si bien esta no es una constante en su obra.

Desde el punto de vista formal su obra denota un inusual dominio de la lengua y sus variados registros, lo cual contribuyó a sus éxitos como periodista y la obtención de algunos lauros. Entre otras publicaciones en las cuales colaboró, pueden citarse “Tiempo”, “Prensa Libre”, “Diario de la Marina”, “La Nación”, “Heraldo de Cuba”, “El Mundo”, “Carteles”, “Avance”, “Bohemia” y “Grafos”, entre otros.

El tema del humor, de tintes irónicos, está presente en su obra con un sello especial de cubanía; a la vez, se inscribió en la línea de pensamiento de Jorge Mañach en cuanto a “Indagación del Choteo”, rechazando esta cara de la moneda de la hilaridad cubana. Su obra constituye un interesante legado para la literatura nacional por el propio tratamiento de los temas y sus cuestionamientos en torno a la esencia del cubano