4.2 La evolución del cuento en Cuba entre 1899 y 1923

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El cuento no había sido de los géneros más afortunados en la etapa colonial y se encontraba aun indefinido entre la novela y el ensayo, con un sabor romántico de algunos mínimos hallazgos nacionalistas. Esta herencia comienza a cambiar a lo largo de estos primeros decenios, con la emergencia de nuevas figuras que cultivarían con mayor o menor éxito –casi siempre lo último- esta vertiente literaria.

La etapa estuvo signada por el desbordamiento cuantitativo de quienes incursionaban en el género, si bien desde el punto de vista de la calidad no existieron realmente narraciones notables pero sí un intento sostenido de conformar un entramado particular que diera respuesta a las inquietudes literarias e incluso políticas arrastradas por las distintas generaciones.

Entre las voces que realmente tuvieron resonancias dentro del ancho quórum se cuentan, de acuerdo con lo reflejado en “Historia de la Literatura Cubana”, las de Esteban Borrero Echevarría, Jesús Castellanos, Alfonso Hernández Catá, Miguel de Carrión, Carlos Loveira, Miguel Ángel de la Torre y Luis Rodríguez Embil, no todos integrantes de una misma generación pero sí los mejores dentro de la avalancha cuentística de aquel lapso.

Esteban Borrero, Jesús Castellanos y Alfonso Hernández Catá encontraron alguna progresión en sus obras, nótese que en el caso de Borrero partió de un apego formal y temático al ámbito finisecular y su raíz de bélico romanticismo; Castellanos por su parte dio continuidad al criollismo en “De tierra adentro” pero derivó hacia temas más citadinos y en el caso de Hernández Catá, a pesar de residir en España, legó una obra auténtica y aun subvalorada en que se imbrican lo nacional, temas humanos universales y un conocimiento más cabal de los resortes del género.

En sentido general la cuestión política tuvo poca cabida en el ámbito narrativo y los autores plasmaron con preferencia temáticas de las truculencias sentimentales y cierta tragicidad a ultranza en algunos casos, con un lenguaje que tenía poca ascendencia de nuestras regiones y sus modos de decir –excepción hecha de Loveira- y un concepto dramático aun incipiente, factores que condenaron a la mayoría de los autores al olvido de la posteridad.

Sin embargo, es necesario tomar en cuenta que a los narradores de este período les tocó en suerte una de las épocas más difíciles para la nación y la evolución de la conciencia colectiva, marcada a hierro candente no solo por la tan recurrida frustración del ideal de emancipación, sino también por el excesivo mercantilismo, dado en una coyuntura económica también compleja; sin embargo la persistencia en el cultivo del género devino fertilización que permitiría en etapas posteriores mejores frutos.