4.2 Panorama Histórico del Teatro en el Siglo XVII

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En los umbrales del Siglo XVII, el teatro logró un trascendental progreso en España y en Latinoamérica, hecho que se venía produciendo desde el siglo anterior. En esta época, Europa emergieron muchas formas teatrales nuevas (marionetas, óperas y ballets), y otras continuaron su desarrollo, ya que habían surgido en el lustro anterior; todo esto como resultado de experimentos realizados por los escritores.

Numerosos autores teatrales florecieron, entre ellos podemos citar al español Tirso de Molina, quien instauró el personaje de Don Juan. Se destacaron también sus coterráneos Lope de Vega y Calderón de la Barca. En Francia, sobresalió Molière, cuyas obras fueron muy exitosas. En Latinoamérica encontramos a los mexicanos sor Juana Inés de la Cruz y Juan Ruiz de Alarcón.

En Francia, el local llamado Hotel de Borgoña con una capacidad para unos dos mil espectadores, fue el único teatro existente es París hasta 1634, en que se construyeron otros espacios. En dicho año se representaron en el Borgoña setenta y siete obras entre tragicomedias, comedias, pastorales y tragedias. Se llevaba a la escena una farsa después de una pieza larga; y una canción alegre al final. Una pequeña orquesta, era la encargada de entretener al público en los entreactos.

Las mujeres comenzaron a trabajar en el teatro francés en el primer tercio del Siglo XVII. En esta nación, apareció por primera vez en la historia del teatro, un método de actuación con normas y reglas determinadas.

En Italia y Francia, a mediados de esta centuria, las representaciones teatrales alcanzaron éxito rotundo, de ahí que se comenzaran a construir grandes teatros. Por estas fechas, se erigieron en Italia grandes teatros para la representación de la ópera, surgida a finales del Siglo XVI. Estos edificios poseían un gran escenario y proscenio, un patio de butacas en forma de herradura, y gran cantidad de palcos (situados en hileras a lo largo de los muros internos del teatro), estableciendo espacios privados para sentarse. Desde los palcos, la visión del escenario era muy pobre.

La dramaturgia española sufrió a lo largo de este lustro una intensa transformación. Los autos sacramentales, progresivamente fueron adquiriendo una mayor perfección técnica. El máximo representante de los autos en España, fue Pedro Calderón de la Barca (1600-1681), autor de ochenta autos sacramentales y quien desde 1649 fue el autor exclusivo de esas obras. El gran teatro del mundo, se halla entre los más difundidos. Otras figuras relevantes fueron Félix Lope de Vega (1562-1635), fray Gabriel Téllez (Tirso de Molina, 1579-1648).

Las representaciones de los autos sacramentales en España eran sufragadas por el gobierno y tenían lugar al aire libre en la ciudad de Madrid. Luego, se comenzaron a efectuar en las plazas públicas, sobre cuatro carros. En el año 1765, el género fue prohibido por medio de un decreto de Carlos III.

En este Siglo XVII, a las obras teatrales que eran acompañadas de música, se les conocen bajo el nombre de Mascarada. En la mascarada aparte de la música, también intervienen la poesía y el baile. Los actores representaban personajes mitológicos y usaban máscaras.

Después de la Revolución francesa, el género teatral del melodrama se puso de moda en Europa. En este lustro, en Francia, se convirtió en un significativo pasatiempo para las masas. Gozó de mucha popularidad en esta época en Inglaterra, sobre todo en la corte de los reyes. La participación del público, fue uno de las contribuciones más importantes de este género.

Entre los autores más destacados podemos citar a John Fletcher y John Milton. Inigo Jones, relevante arquitecto y diseñador de escenarios del teatro del Siglo XVII, contribuyó en gran medida al perfeccionamiento técnico de este género con sus diseños de disfraces y escenarios.

En cuanto a la música de las mascaradas, se destacó Alfonso Ferrabosco, compositor que colaboró con Jonson y Jones de 1605 a 1612, y compuso la música de Mascarada de la oscuridad (1605) y Mascarada de la belleza (1608).

La mascarada en Inglaterra se extinguió rápidamente, a pesar de ello, sobrevivió un siglo más en la corte real de Francia y otros países europeos. Muchas de sus características se incorporaron a otras formas de espectáculo, como el ballet, la ópera y el mimo.

Otro género teatral importante del Siglo XVII, y muy popular fueron las mojigangas; obras que le otorgaban supremacía al espectáculo por encima del argumento textual. El término mojiganga, designaba a las obras cuyos personajes vestían con disfraces ridículos. Eran piezas dramáticas breves de origen carnavalesco, caracterizadas por su contenido burlesco y los disfraces extraños de sus personajes.

Entre los cultivadores de las mojigangas podemos citar a Calderón de la Barca, Ramón Montero, Francisco Antonio Monteser, Francisco de Castro y Vicente Suárez de Deza.

En ellas se empleaban instrumentos de música populares y ruidosos. Las mojigangas se representaban en la calle durante las fiestas del carnaval sobre carros muy adornados. Durante el espectáculo se pedía a los asistentes que acudieran con máscara y danzaran junto con los actores, con lo cual pasaba a formar parte de la coreografía. Tuvieron un gran apogeo en España en este período.

La pantomima continuó con el Arlequinado durante esta centuria, que era una forma desarrollada a partir de la Commedia dell’arte en la cual se presentaban las aventuras de Arlequín, su amante, Colombina, y su padre, Pantaleón, en naciones como Francia e Inglaterra.

El Arlequinado en Londres en el Siglo XVII, era antecedido por una escena en la que los actores hacían mímica y bailaban; mediante lo cual representaban historias de la mitología clásica o cuentos de hadas, y culminaban con la transformación del personaje principal en Arlequín.