4.3.3 La obra novelística de Emilio Bobadilla, “Fray Candil”, (1862 – 1921)

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A pesar de que Emilio Bobadilla comenzó a escribir en la etapa republicana y se destacó sobre todo en la crítica literaria –no por haber legado un sólido cuerpo de ideas al respecto, sino más bien por su incisivo sarcasmo que lo condujo a sostener candentes polémicas con intelectuales y literatos la mayor parte de las veces superiores- fue autor sin embargo de una producción novelística que data de las primeras dos décadas republicanas y que permite acceder a través del hilo del sarcasmo a la sensación generalizada de frustración que adensó la atmósfera republicana.

En su primera novela, titulada “A fuego lento”; de 1903, ya es patente una filiación naturalista que no abandonaría al continuar su trayectoria narrativa, la cual alcanzó clímax de particular crudeza en algunos pasajes, censurados por la crítica, más regida por convencionalismos sociales que por consideraciones puramente literarias.

Parte de la acción transcurre en el supuesto país latinoamericano de Ganga, que le sirve como trasfondo para un análisis epidérmico, particularmente sarcástico, de los grupos étnicos y sociales preteridos (indios, negros, mestizos, etc.) como evidencia de una posición ideológica retrógrada que desdeña todo rasgo de autoctonía y asume una visión eurocéntrica de la cultura.

“En la noche dormida”, 1913 y “En pos de la paz”, 1917, están ambientadas en las ciudades francesas de Bayona y Biarritz, donde Bobadilla ejerció funciones consulares, por lo que presentan cierto matiz autobiográfico en su contacto con seres “hipertélicos”, como los hubiera llamado Lezama, en precario equilibrio o franca catarsis conductual, asociados muchas veces a impulsos sexuales extraviados.

La obra de Emilio Bobadilla constituye testimonio de una ideología retardataria que pervivió en la nación, desde la negación de los valores del entramado social integrado por los más humildes, el deslumbramiento por un ideal más foráneo incluso que el norteamericano, donde su concepto de incorporarse a la corriente civilizatoria al modo europeo implicaba la anulación de las tradiciones históricas y culturales mantenidas a flote por las capas populares.