4.4.2.4 “Los negros brujos”, 1906, de Fernando Ortiz (1881 – 1969)

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La primera edición de “Los negros brujos” vio la luz en Madrid en 1906 y suscitó encomiásticas impresiones, entre ellos de César Lombroso, considerado el precursor de la criminología de raíz positivista. El propósito de esta obra es en principio la “etnología criminal”, pero ya se advierten en ella preocupaciones sociológicas que rebasan el ámbito de la criminalidad y que determinarían el estudio de disímiles manifestaciones culturales per se.

Aunque el positivismo impone inevitables sesgos a las investigaciones del ámbito de las ciencias sociales, en ese entonces tenía un carácter epistemológico renovador y de todos modos Ortiz no se atiene estrictamente a este; sin embargo se aprecian ciertas latencias racistas, desde una pretendida concepción biológica, que aparecen como pinceladas en el cuerpo textual y afectan la objetividad de algunos razonamientos.

De todos modos el texto constituye un primer golpe al racismo científico, al trasladar las diferencias conductuales entre negros y blancos desde lo biológico a lo puramente cultural, aunque considera como de “superior civilización” a la raza blanca. Sin embargo logra imbuirse del entramado cultural de los negros africanos y partir de su axiología en los análisis y no de una óptica puramente europea en cuanto a moralidad.

En autor logra penetrar además en la madeja de las creencias religiosas y los cultos africanos, de cierta heterogeneidad, para establecer comparaciones y certeramente señalar un sustrato común que vincula de algún modo todas las religiones, también al catolicismo. En este sentido llega a comprender que no existía “primitivismo” o inferioridad en religión, sino diversas manifestaciones de un pensamiento mágico – taumatúrgico consustancial a la humanidad desde sus albores.

A pesar de cierto sesgo biologicista y de un concepto de civilización de matiz discriminatorio, ya en esta obra Fernando Ortiz desbroza el camino hacia la comprensión de lo africano y logra entender que no existían diferencias psíquicas entre las razas. El propio hecho de preocuparse y ocuparse en el tema negro le confiere un lugar relevante en nuestra cultura, en el sentido de vindicador, desde una alta concepción de la ciencia.

De acuerdo con Miguel Barnet “Esta obra, publicada hace más de noventa años, descubre los estratos bajos de la sociedad cubana nunca antes estudiados (…) Es un libro superado por Fernando Ortiz, pero es su primer trabajo sólido, donde se podía vislumbrar ya la capacidad del autor y el ambicioso espectro social que pretendía abarcar. Esta obra, juzgada por las implacables generaciones que le sucedieron, apuntala la figura de Ortiz y le permite desarrollarse cabalmente en el campo de las ciencias sociales.”