4.4.7 La obra ensayística de Francisco José Castellanos (1892 – 1920)

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A pesar de que la vida de Francisco José Castellanos fue bastante breve, aun así legó una obra de relieve, con un sello personal que denota el dominio de una vasta cultura, de cuyas exposiciones disfrutaron muchos jóvenes intelectuales que después ocuparían con sus ideas el panorama intelectual de las próximas décadas. Su obra aparece un tanto desligada de la tradición nacional pero aún así se incorpora a ella por su optimismo filosófico y político, en este último aspecto al parecer intuyó el carácter coyuntural del status quo republicano.

Su obra ensayística fue compilada en una edición que apareció póstumamente, en 1926, bajo el título de “Ensayos y Diálogos”, momento que se correspondía con la emergencia de las concepciones vanguardistas que el texto de Castellanos anticipaba.

Sobre estos, escribiría Jorge Mañach: “Tienen traza de cosa íntima. No la introspección errabunda y soberbia de los diarios con preocupación literaria, ni la especulación irresponsable de los cuadernos de recóndita disciplina; pero sí un difícil exclusivismo -esta es la palabra- , la castigada finura de aquello que se escribe para leerlo a los amigos – no más de tres-, alguna tarde de domingo, en la serre abierta al mar y fragante del humillo de té.”

Sus ideas aparecen difusas, de cierta oscuridad conceptual que se esconde bajo la sencillez expositiva, ello quizás entronca con la visión que se tiene de este como nuestro primer ensayista puro, cuyo discurrir eludía las más preciadas reglas y en esto estaba también implícita la ruptura con el modernismo y su concepción de perfecto cincelado estético. Entre sus textos más difundidos se encuentran también: “El Otro”, y “La sonrisa vacía”, de 1914 y 1915, respectivamente.

Su visión de lo colectivo como carne de lo individual y viceversa, apunta hacia la superación de las fragmentaciones de la realidad y a intuir su esencia correlacionada; el principio de que “no se puede arrancar una flor sin trastornar una estrella”, trasluce asimismo en su texto “El vínculo secreto”; pero ello no tanto en el plano temporal, donde se interesa sobre todo por el presente y no por sus condicionamientos, en contradicción con su implícita concepción del futuro como tiempo mejor.

Sus incursiones en el plano filosófico, incluso con eventuales matices psicológicos, denotan una marcada abstracción y un modo de disertación que –de tan propio- no evidencia sus vínculos con los mejores hallazgos sedimentados por las citadas disciplinas.

Publicó varios textos en la sección “El balcón de los diálogos”, de “La Nación”, también en “El Fígaro” y otras publicaciones. El estilo en que expone los contenidos, la ilación de las ideas de una manera más intuitiva que lógica, configura sin dudas un acerbo de antecedentes del género ensayístico y su plena inclusión como cauce de la literatura.

En este sentido, Jorge Mañach expresaría: “No hay un espeso ovillo de pensamiento al que pueda llegarse por el enredado hilo de esta prosa de sugerencias. Francisco José Castellanos es, probablemente, el primer ensayista típico, auténtico, que hemos tenido”