8.1 Panorama Histórico de la época Siglo XIX. (1868-1900).

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El movimiento independentista cubano se inició el 10 de octubre de 1868, al levantarse en armas el bayamés Carlos Manuel de Céspedes, quien en su ingenio La Demajagua proclamó la independencia y dio la libertad a sus esclavos. En difíciles condiciones, el movimiento independentista logró unificarse, aprobando en Guáimaro la constitución que daba lugar a la República de Cuba en Armas. El ejército libertador cubano, durante meses de preparación, alcanzó una capacidad ofensiva que se pondría de manifiesto en la invasión a Guantánamo por el General Máximo Gómez y las brillantes acciones libradas en las sabanas camagüeyanas al mando de Ignacio Agramonte.

El coraje militar cubano alcanzó su cumbre, primero con la campaña de Máximo Gómez en Camagüey y la posterior invasión a Las Villas por las tropas mambisas al mando del genial general dominicano. Pero el trascendental avance estratégico resultó alterado nuevamente por los desacuerdos internos que, al entorpecer la llegada de vitales refuerzos, posibilitaron que la invasión se paralizase sin conseguir su objetivo de trasladar la guerra al territorio occidental de la isla.

El desgaste en el campo insurrecto, entre otros elementos, posibilitaron que un importante sector del movimiento independentista aceptase las propuestas del General español Arsenio Martínez Campos. La paz sin independencia firmada en el Zanjón (1878) no obtuvo el consenso de las fuerzas mambisas y en particular fue rechazada por el General Antonio Maceo, jefe de las fuerzas de la parte más oriental de la Isla, quien, había alcanzado la más alta jerarquía del Ejército Libertador a fuerza de valentía y capacidad combativa. Aunque las acciones militares insurrectas no pudieron sostenerse por mucho tiempo, la Protesta de Baraguá, escenificada por Maceo y sus tropas, constituyó la evidencia mayor de la irrevocable voluntad de los cubanos de continuar la lucha por la independencia.

En la década de 1880, la Isla atravesaría por un proceso de grandes cambios económicos y sociales. La esclavitud, muy quebrantada ya por la Revolución de 1868, fue finalmente abolida por España en 1886. Ello estuvo acompañado por notables transformaciones en la organización de la producción azucarera, la cual alcanzaba definitivamente una etapa industrial.

El independentismo, sería alentado sobre todo desde la emigración. Un primer estallido, la llamada “Guerra Chiquita” (1879), llevó nuevamente a los cubanos al campo de batalla en los territorios orientales y villareños, pero fue sofocada después de algunos meses por su poca organización y débil coherencia política.

José Martí Pérez sufrió prisión y destierro durante la Guerra de los Diez Años. Su labor de esclarecimiento y unificación, se centró en los núcleos de emigrados cubanos, principalmente en Estados Unidos, pero con amplia repercusión en la Isla, la materializó en 1892 con la elaboración de la constitución del Partido Revolucionario Cubano. Concebido como la organización única de todos los independentistas cubanos, el partido debía conseguir los medios materiales y humanos para lo que Martí llamó la “Guerra Necesaria”.

La Guerra Necesaria estalló el 24 de febrero de 1895. Martí desembarcó en Cuba junto a Máximo Gómez, Jefe del Ejército Libertador, cayó en combate poco después en el enfrentamiento de Dos Ríos. Pese a esta pérdida irreparable, la revolución se desarrolló en la provincia de Oriente, donde Maceo (llegado desde Costa Rica) había asumido el mando de las tropas mambisas, y se extendió poco después a Camagüey y Las Villas. Reunidos en Jimaguayú, los delegados del Ejército Libertador elaboraron la constitución que regiría los destinos de la República en Armas.

Pese al elevado costo humano que entrañaba este tipo de contienda, sobre todo por la reconcentración de la población campesina en las ciudades, la metrópoli no pudo domar la insurrección, la campaña de Gómez en La Habana y la de Maceo en Pinar del Río mantendrían en jaque al ejército colonialista.

El desarrollo de la guerra en Cuba, hace que ambas Cámaras del Congreso estadounidense aprueben la Resolución Conjunta mediante la cual el gobierno de Washington intervenía en el conflicto. Se produce entonces -febrero de 1898- la explosión del acorazado Maine en el puerto habanero, hecho que Washington tomará como pretexto para movilizar la opinión pública e intervenir directamente en la guerra, Estados Unidos entra en guerra con España y, con la colaboración de las fuerzas mambisas, desembarca sus tropas en la costa sur de la zona oriental de Cuba. Las acciones se libran en torno a Santiago de Cuba. La flota española quedó bloqueada en el puerto santiaguero, intenta una salida en la cual es aniquilada por la superioridad de las fuerzas navales norteamericanas. Tras el asalto a las defensas externas de la ciudad por las fuerzas cubano-estadounidenses, el mando español se rinde. Los jefes militares cubanos, encabezados por Calixto García son excluidos del acto de rendición y se prohíbe la entrada de sus fuerzas en la ciudad. Meses después, según exponía el Tratado de París, España entregaría Cuba a los Estados Unidos sin que se tuviesen en cuenta para nada las instituciones representativas del pueblo cubano.