9.10.2 El Sexteto Habanero y Septeto Habanero.

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El Sexteto Habanero es el primer sexteto que se funda en la capital cubana en el año 1920. Constituyó una indiscutible revolución musical y el primer Boom de la música cubana.
Sus orígenes se encuentran en el Cuarteto Oriental, que resultó ser el núcleo del Sexteto Habanero. Organizado por Ricardo Martínez, de la provincia de Santiago de Cuba. Los integrantes de este cuarteto eran: Ricardo Martínez como tresero y director, Gerardo Martínez clave y voz, Guillermo Castillo botija, Felipe Neri Cabrera maraca y voz.
Al paso del tiempo, el cuarteto comenzó a encarar dificultades; Ricardo Martínez se va de la agrupación y lo suplanta el tresero Carlos Godínez, y en una corta etapa se convierte en sexteto con ciertos cambios. Guillermo Castillo pasa a tocar la guitarra y Antonio Bacallao entra a tocar la botija; Oscar Sotolongo ocupa el lugar de bongosero. Por lo que sus integrantes originales fueron Felipe Neri (canto y maracas); Gerardo Martínez (canto y calves); Carlos Godínez (tres); Guillermo Castillo (guitarra); Antonio Bacallao (guitarra) y Oscar Sotolongo (bongó). De esta forma queda compuesto el Sexteto Típico Oriental, al cual se le llamó Sexteto Habanero debido a que todos sus integrantes eran de la capital.
A continuación de un período de hacer la música para la multitud humilde de La Habana, en 1925 la próspera industria discográfica norteamericana los llevó a su país. Allí grabaron sus sones, boleros y guarachas, que muy poco después se empezaron a sentir en los salones de las casas pudientes de Cuba y otras plazas del mundo.
En el año 1927, el sexteto se amplia; convirtiéndose en septeto, con la adición de la trompeta. Se introdujo al trompetista Enrique Hernández, quien la interpretó por poco tiempo y después fue sustituida y soplada por el legendario Félix Chapotín.
Por esta agrupación desfilaron figuras muy distinguidas que lo llevaron a ser la agrupación más famosa de su tiempo. Felipe Neri Cabrera, un compositor de enorme importancia, iniciador del estilo de cantar soneado, nasal (con voz de vieja), que después continuarían voces importantes de nuestra música cubana como Carlos Díaz (Caíto), Florencio Hernández (Carusito), Bienvenido León y Siro Rodríguez por citar algunos. Gerardo Martínez (El Príncipe), catalogado como un músico de buen vestir, de excelentes relaciones con el público. Carlos Godínez fue compositor de piezas antológicas como Tribilín cantore, Yerbero bueno y Debajo de la mata. Cheo Jiménez, cienfueguero de voz atractiva, entró en el sexteto en 1927 e hizo popular la canción Como está Miguel, pa´cantar. Quien después fue captado por Ignacio Piñeiro. Abelardo Barroso Dargelez era el chofer de los músicos y en uno de los viajes lo descubren como cantante. Se integró al grupo en 1925 y a la postre resultó uno de los grandes colosos del Son; grabó con el Habanero Maldita timidez, No me desprecies nunca. Miguel García trabajó con el Habanero y durante muchos años cantó a dúo con María Teresa Vera, también llegó a cantar con Arcaño y sus Maravillas y con la Orquesta de Alfredo Brito. Félix Chapotín demostró ser una estrella del instrumento, al que hacía cantar en un singular estilo, imitando pájaros y riendo en tono de burla. Chapo fue también trompetista en 1948 en el conjunto de Arsenio Rodríguez. Entre las voces que pasaron por El Habanero se incluyen: Gerardo Martínez, Abelardo Barroso, Rafael Hernández, “el Piche”, Miguel García y Felipe Neri.
Algunas de las canciones antológicas grabadas fueron: Mamá Inés (Eliseo Grenet), Africana (Felipe Neri), De mi cubita es el mango (Rosendo Ruiz), Aquella boca (Eusebio Delfín), Aurora (Manuel Corona), Son las dos… china, Como está Miguel (Felipe Neri), Tres lindas cubanas, Tribilín cantore (Carlos Godínez), Eres mi lira maravillosa (Guillermo Castillo) y Las cuatro milpas (Elizondo y García).
A pesar de las carencias pasadas a lo largo de muchas décadas, los continuos integrantes se aferraron siempre a su Son, y conservaron el mismo frenesí de la primera oportunidad en que pudieron deleitar una cumbancha.
Esta agrupación es una institución de primerísima importancia en la historia de la música cubana no solo porque es la primera en su tipo, sino porque en ella se verificó, por primera vez, la fusión entre el Son primigenio venido del oriente del país y la Rumba, ya en un ambiente de más contundencia urbana.