Eduardo Abela Villanueva (1891 – 1965), un notable exponente de la plástica cubana

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Eduardo Abela nació en San Antonio de los Baños, entonces provincia de La Habana. Su primer oficio fue el de tabaquero, pero pronto lo abandonó para seguir sus inclinaciones artísticas, se trasladó a la Habana e ingresó a la Academia de San Alejandro. No solo fue pintor, sino también dibujante y caricaturista, muy vinculado a las tradiciones nacionales y a las preocupaciones sociales que sacudían por momentos el ámbito republicano, fiel exponente de “lo cubano”; pero no en un sentido reductor, pues su obra se nutría constantemente de las mejores y principales corrientes artísticas del mundo.

Distinguidas revistas y periódicos de La Habana acogieron sus célebres caricaturas, como el Diario de la Marina, La Semana e Información. Fue el creador del conocido personaje de El Bobo, que reflejaba los desmanes del gobierno de Gerardo Machado y se mantuvo con vida en la prensa hasta la caída del dictador, reflejando muy bien el sentir del pueblo no solo bajo la férula machadista sino también la frustración republicana que imperaba desde 1902 y se había hecho más fuerte a medida que se entronizaba la corrupción, las desigualdades sociales y la sumisión de los sucesivos gobiernos a los designios norteamericanos.

En la década de 1920 se instala en Madrid. Allí, sin contar inicialmente con recursos económicos, tuvo la idea de participar en un concurso de carteles para portadas de revistas españolas. Afortunadamente, obtuvo el primer premio, lo que le permitió contar con un medio de subsistencia y seguir desarrollando su arte, esta vez bajo el influjo de grandes pintores españoles, como Goya, etapa en la que su obra adquiere una connotación más realista. También tuvo la oportunidad de exponer sus obras en la Galería de Arte Moderno de Madrid, con lo cual obtuvo mayor reconocimiento del público español.

Durante esta década y la siguiente también pudo viajar a Francia e Italia, lo que le permitió entrar en contacto con tendencias poco conocidas entonces en Cuba, como el dadaísmo y el surrealismo, que le imprimieron nuevo impulso a su obra creadora. En 1934 fue nombrado Cónsul de Cuba en Milán, con lo cual obtuvo ingresos económicos que le permitieron dedicarse a la creación artística de manera más holgada. Antes de regresar a Cuba, en 1942, había expuesto, al menos, sus piezas Fiesta nocturna, Guajiros, Santa Fe y La novia.

En La Habana volvió a colaborar con dibujos humorísticos en publicaciones periódicas y obtuvo el primer premio en un concurso convocado en ocasión del centenario de las calles San Rafael y Galiano. Más tarde sería por un tiempo Encargado de Negocios en Guatemala, donde también tuvo oportunidad de exponer sus obras e incluso fue premiada una de ellas, La dama del lago, en el concurso pictórico APEBA. Asimismo, sus piezas llegarían hasta México y Los Estados Unidos, con gran éxito. Abela fue uno de los creadores más universales de la vanguardia cubana, un precursor de variadas formas de arte que cobrarían cuerpo más tarde en la Isla.