Juan Emilio Hernández Giró (1882 – 1953), su trayectoria en las artes plásticas

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Juan Emilio Hernández Giró nació el 22 de mayo de 1882, en Santiago de Cuba, y falleció el 7 de noviembre de 1953, en La Habana. Las primeras clases de pintura las recibió tanto de su padre, Rodolfo Hernández Soleliac, como de un médico francés, con conocimientos de artes plásticas, nombrado Luis Oscar Marisy. Con 16 años matriculó en la Academia de Haití, donde perfeccionó las técnicas del dibujo y comenzó a pensar en grandes proyectos, antes de retornar a su natal Santiago de Cuba.

Una vez en Santiago, se puso en función de dos obras que serían las primeras de importancia de este artista, por el formato y el cuidado de los detalles, se trata de El desembarco de Martí y Gómez y La muerte de Flor Crombet. Como se aprecia en los títulos, lo subyugaban los temas de la recién concluida gesta, sobre la cual recreó otros pasajes y tópicos como La batalla del Caney, La visión de Maceo, La invasión a Occidente y El incendio de Bayamo, entre otros que respondían a esta inspiración.

En esta etapa de su vida recibió un apoyo importante de Emilio Bacardí, posteriormente viajó a España, donde residió varios años. Allí continuó dedicándose a la creación artística y a los estudios relacionados con esta, concibió no solo cuadros sino dibujos y bocetos que permiten acercarse a la evolución de su arte y a las preocupaciones inherentes al mismo, más allá del preciosismo técnico. Tuvo también la oportunidad de viajar a Inglaterra, Holanda y Bélgica, donde intimó con otros artistas y amplió su cosmovisión en materia de arte.

En 1924 regresó a Cuba, era ya un pintor de prestigio y contaba con un arsenal de técnicas que no solo utilizaría en sus obras sino que le permitirían también emprender una carrera como docente en la Escuela de San Alejandro, donde su impronta todavía perdura. Aun lejos de la Isla, el ámbito de la realidad que le interesaba plasmar no había variado sustancialmente, incluso fue el autor de los 101 dibujos a pluma que forman parte del libro Historia de Cuba en imágenes. No solo le interesaba la historia propiamente bélica e insular, pues había creado ya La jura de Hernán Cortés y El primer alcalde municipal, entre otras piezas de este corte.

Otra arista de su trabajo incluye los retratos, entre los cuales se cuentan cerca de 300, entre ellos del poeta José María Heredia, de René Doumic (Real Academia de Francia) y de Mademoiselle Jeanne Hatto, por solo citar algunos. En cuanto a la temática religiosa no fue prolijo, pero sí encontramos la pintura de Nuestra Señora del Carmen y otro cuadro en que se mezclan motivos diversos, de corte más bien histórico: Las ruinas heroicas de la Iglesia de Bayamo. Asimismo, fue el autor de Taita Pablo pilando café cubano, un ejemplo de costumbrismo de altos quilates con afán de trascendencia. Sin duda, un pintor imprescindible de nuestra plástica.