La obra pictórica de Tomás Codezo (1839 – ¿?)

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Aunque la obra de Tomás Codezo no tuvo la trascendencia de la de otros cultivadores de las artes plásticas en la Isla, sí resulta uno de los primeros exponentes de la pintura, cuyo desarrollo rebasaba lentamente la etapa de búsquedas fundacionales, asociadas a la imitación de los modelos europeos, fundamentalmente españoles, que llegaban a las costas cubanas.

Este pintor, nacido en La Habana, contó con una formación académica de excelencia para la época, pues no solo estudió en la Escuela de San Alejandro sino que recibió clases en París y en Roma, con los artistas Henri Regnault y Mariano Fortuny, respectivamente. Ello le permitió ampliar el bagaje de técnicas pictóricas y alcanzar una significativa perfección formal.

Se destacó fundamentalmente como paisajista y retratista, la investigadora Ursulina Cruz señala que fue también “pintor de historia”, lo que sugiere que existen referencias de obras de esta naturaleza creadas por el artista, que no han llegado hasta nuestros días, aunque una de sus mejores piezas, “El Padre Las Casas recibiendo los prisioneros españoles”, aborda este tópico.

Entre sus retratos más conocidos figuran el de la Marquesa de Duquesno, quien fuera justamente una de las personas que atesoraron mayor número de piezas de Codezo. También se cuentan los retratos de las hijas del Conde de la Casa Montalvo, Doña María de Jesús y Doña María de la Concepción Montalvo y Pedroso, ambos de 1862. Por su parte, Guillermo de Zéndegui, quien fuera el factótum de Fulgencio Batista en materia cultural, tenía en su colección el Retrato de José Carbonell.

Como retratista tuvo asimismo como modelo al señor Fernández Saavedra, esta pieza data de 1868 y se conserva en el Museo Nacional de Bellas Artes. Por otra parte, fue el artífice de una litografía con el retrato del poeta José Jacinto Milanés, que se exhibió en 1940 en el entonces Ministerio de Obras Públicas, antiguo Convento de Santa Clara. Los motivos mitológicos también estuvieron presentes en su obra, en este sentido descolló “La venus adormecida”, según algunos críticos, su pieza mejor lograda.