Las Artes Plásticas en Cuba desde sus orígenes hasta la contemporaneidad, manifestaciones y estilos

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Las artes plásticas engloban un conjunto de disciplinas que tienen por común denominador una visualidad que puede llamarse fija -convencionalmente, pues la creación contemporánea desafía cada vez más los reduccionismos teóricos- asociada a un objeto físico, cuyo valor puede residir en la cualidad artística per se o estar determinado por una finalidad práctica, de uso para un individuo o una comunidad, a la cual se le añaden los rasgos artísticos. Entre sus principales manifestaciones consideramos las siguientes: pintura, escultura, cerámica, grabado, fotografía, arquitectura y diseño gráfico, que surgieron y se diferenciaron en contextos histórico – sociales disímiles, pero sobre un acervo común interactuante en la cultura.

En la historia de las artes plásticas de la Isla convergen los signos de lo autóctono y los universos “importados” con el binomio de colonización y esclavitud, que implicó la introducción de la vertiente española del arte europeo (a su vez influida por el período secular en que la península permaneció bajo dominio musulmán) y la cultura africana con su peculiar simbología e imaginario. Sus orígenes están dados por objetos de uso cotidiano, ceremonial o de culto de los aborígenes, fundamentalmente los taínos, entre los que se cuentan herramientas, asientos y vasijas, trabajados en piedra, madera o barro. En los albores de la plástica el fin mágico – religioso resultaba esencial, por ello los cemíes -ídolos aborígenes- labrados en piedra u otros materiales, constituyen el centro de un sistema de creencias que tuvo diversas expresiones en el ámbito visual.

Con el Descubrimiento de América, la llegada de los colonizadores españoles y la fundación de las primeras villas, comenzó a operarse una transformación raigal del ámbito de la Isla. Las fortificaciones militares, las iglesias con su imaginería, decorados y objetos litúrgicos; así como las construcciones civiles que irrumpirían poco más tarde, aportaron el impulso principal de las citadas disciplinas artísticas. El escudo de la ciudad de San Cristobal de la Habana y la estatua que después sería conocida como “La Giraldilla”, en el castillo de la Fuerza, se cuentan entre las primeras piezas donde el arte aparece como fin en sí mismo, más allá de lo utilitario; aunque estas cumplirían también su función en el plano simbólico, como representación viva de la ciudad.

De esta amalgama de elementos, lentamente comenzó a cristalizar una cosmovisión propiamente cubana de las artes, que se plasmaba fundamentalmente en la arquitectura, esencial para la expansión de las ciudades y con ellas de la llamada civilización; si bien ello representó prácticamente el exterminio de los aborígenes y de su cultura. Lo criollo, asociado a la emergencia de una incipiente burguesía como clase social, comenzó a imponerse en Cuba, cuando todavía no existía la nación sino que la isla era considerada una provincia española de ultramar. En el siglo XVIII primó en la arquitectura el llamado estilo barroco cubano, que no fue tan abundante en decorados como el español, a causa de las características de la piedra que entonces se trabajaba. El despotismo ilustrado que caracterizó en esta época a la Corona Española implicó un impulso significativo de las artes y de la cultura en general. Se construyó el primer teatro en la Isla, “El Coliseo”, en la Alameda de Paula, ya insertado en este estilo arquitectónico, y las iglesias que datan del período, como la Catedral de la Habana, poseen características distintivas, particularmente en cornisas y columnas.

La pintura cubana, con los antecedentes culturales ya señalados, tiene su primer exponente en Nicolás de la Escalera. En rasgos generales la imaginería religiosa, el retratismo y, poco después, el paisaje natural de la Isla, constituyeron los principales tópicos durante los primeros siglos de colonización hispana, aspecto que se abordará en otros acápites. La fundación de la Academia de San Alejandro, en 1818, representó un hito en cuanto a la evolución de esta disciplina. Por otra parte, las técnicas del grabado estuvieron asociadas, fundamentalmente, al comercio de tabaco; los anillos que se le colocaban a los puros y los envases o cajas, cada vez más trabajados desde el punto de vista artístico, constituyen un antecedente importante de la publicidad.

En el siglo XX, con el advenimiento de la República, despliega su labor un conjunto de pintores y escultores que habían sido discípulos o estaban de algún modo vinculados a los presupuestos estéticos de la escuela de San Alejandro, donde el academicismo desempeñaba un papel importante. Nombres como Víctor Manuel, Carlos Enrique, Fidelio Ponce de León, Mariano Rodríguez y René Portocarrero, entre otros no menos importantes, despliegan su obra plástica en este período, muchas veces frente a la incomprensión de sus coetáneos. La influencia norteamericana se deja sentir, fundamentalmente en la publicidad, no siempre concebida cabalmente desde postulados artísticos.

Con el triunfo de la Revolución cubana, el primero de enero de 1959, se modificó el entramado de las relaciones internacionales de la Isla y la Unión Soviética se convirtió, en buena medida, en referente de sociedad y de cultura. Al mismo tiempo y en consonancia con las concepciones de la Europa del Este, el arte se propuso testimoniar las transformaciones sociales que estaban teniendo lugar y acercarse al pueblo, lo cual representó un cambio de signo estético, que abrió nuevos espacios de creación en la plástica pero cerró otros igualmente válidos. La fundación de instituciones culturales como la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba) permitió una mayor difusión de las obras plásticas pero en ocasiones se operó una nociva subordinación del arte a la propaganda política, fundamentalmente en las décadas del 1960 y 1970. Tras el periodo especial y el desencanto que primó en los años 90, reflejado también en el ámbito de las artes plásticas, los artistas contemporáneos apuestan por las instalaciones, la participación del público, el arte pop y otros derroteros que evidencian una mayor libertad estética.